Mutismo selectivo, detección, diagnóstico e intervención

El mutismo selectivo consiste en la negativa a hablar en determinadas situaciones. En estos casos el niño, que se expresa correctamente en su familia, deja de hablar en el colegio o ante personas extrañas.

La característica esencial del mutismo selectivo es, por lo tanto, la inhibición persistente del habla en situaciones sociales específicas.

(Olivares, 2007)

Para la detección, el docente debe analizar las características de la interacción del niño y sus comportamientos de ansiedad o inhibición en momentos de interacción con los demás.

Además, a través de la observación, puede rellenar algún cuestionario donde se analicen aspectos de la expresión verbal, de la comunicación y del aprendizaje.

Respecto al diagnóstico, la Asociación Americana de Psiquiatría incluye al mutismo selectivo en el apartado de Trastornos de inicio en la infancia, la niñez y la adolescencia, y en su manual DSM-IV TR se rigen los criterios para su posterior diagnóstico, junto con algunas consideraciones, estrategias e instrumentos para su aplicación en el aula. Algunos de ellos son:

  • Incapacidad persistente a hablar en situaciones específicas a pesar de hacerlo en otras situaciones: a través de registros de recogida de información en el ámbito escolar, social y familiar, entrevistas familiares y escolares, y grabaciones familiares, se determinará con quién habla el alumno y en qué momentos, registrando el tipo de relación que mantienen y en qué contextos sucede.
  • La alteración interfiere en el rendimiento escolar o la comunicación social: a través de la observación evaluaremos su competencia curricular y social.
  • La duración de la alteración es de por lo menos 1 mes: a través de registros de observación longitudinal, entrevistas a los docentes y alargando la observación podremos descartar otros problemas, por ejemplo, un periodo de adaptación más tardío.
  • La incapacidad para hablar no se debe a una falta de conocimiento o de fluidez del lenguaje hablado requerido en la situación social: a través de vídeos o audios familiares e instrumentos de evaluación de la competencia comunicativa y lingüística se descartará que su mutismo se deba a problemas con el castellano, por ejemplo, que sea de diferente lengua materna.
  • El trastorno no se explica mejor por la presencia de un trastorno de la comunicación y no aparece exclusivamente en el transcurso de un TGD, esquizofrenia o un trastorno psiquiátrico: a través de pruebas médicas, informes psicológicos y psiquiátricos o escalas para el diagnóstico diferencial del mutismo selectivo comprobaremos si se trata de un síntoma de otro trastorno psiquiátrico o de problemas emocionales.

A continuación se realiza el diagnóstico mediante una evaluación psicopedagógica, incluyendo el entorno escolar y familiar del alumno para determinar qué factores ayudan a reforzar sus conductas y qué necesidades educativas requiere.

Dentro del mutismo selectivo hay que distinguir entre los alumnos que se comunican poco porque tienen aversión a hablar, los que eligen las personas y momentos para hacerlo (mutismo selectivo), y los que poco a poco dejan de hablar del todo (mutismo total). Los dos primeros pueden desembocar en el tercero si no se interviene a tiempo.

La intervención debe realizarse en el ámbito familiar, social y escolar para conseguir una interacción verbal por parte del alumno con los adultos y niños de su entorno.

La familia debe comprender las consecuencias que puede acarrear este problema si no se adoptan las medidas necesarias para la mejora del alumno ni se estimulan sus interacciones con los demás a diario.

Por ello es importante que le ofrezcan ambientes de seguridad, comunicación, serenidad, comprensión y afecto; Le propongan experiencias que le lleven al desarrollo psicosocial; Incidan en lo positivo, destacando sus puntos fuertes y reforzándole continuamente; Y no le protejan en exceso, entre otros.

Así mismo, según la “Guía del mutismo selectivo. Guía para la detección, evaluación e intervención precoz en la escuela” para estimular el habla se puede:

  • Enseñar al alumno a iniciar y mantener interacciones verbales con otros.
  • Reforzar las aproximaciones verbales y no verbales del niño hacia otras personas.
  • Fomentar la interacción social (y verbal) con iguales y con adultos.
  • Reforzar el círculo de amigos que tiene el niño y ampliarlo progresivamente.

En la escuela, el docente debe tener claro que el alumno podrá superar el problema si se le enfrenta con la situación que le genera esa tensión, sin embargo, si se le ofrece una situación superior, puede que este aumente su ansiedad.

Desde la escuela se debería mejorar el vínculo afectivo con el niño, potenciar las interacciones entre los niños y estos con los adultos, evitar situaciones que sostengan el comportamiento de mutismo, evitar la sobreprotección, asignar tareas de responsabilidad, mantener una estrecha relación con la familia, entre otros.

Así mismo, algunos ejemplos propuestos por la guía para la detección, evaluación e intervención precoz en la escuela para estimular el habla son:

  • Diseñar actividades de producción de sonidos y comunicación corporal.
  • Realizar actividades de habla enmascarada.
  • Reforzar la respuesta verbal del niño.
  • Plantear juegos de pareja que requieran emisiones verbales sencillas.

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