Pocas cuestiones generan tanto debate como el uso de las pantallas durante la infancia. Hay quien asegura que son las responsables de casi todos los problemas del desarrollo y quien piensa que forman parte de la vida actual y que, bien utilizadas, no tienen por qué ser perjudiciales.
Como suele ocurrir, la realidad no está en ninguno de esos extremos.
Las pantallas no son buenas ni malas por sí mismas. Lo importante es cómo, cuándo, cuánto y para qué se utilizan. No es lo mismo una videollamada con los abuelos, que dejar a un niño pequeño viendo vídeos durante horas sin supervisión. Tampoco tiene el mismo impacto una película compartida en familia que el consumo continuo de contenidos rápidos y cambiantes.
Más que demonizar la tecnología, necesitamos comprender cómo influye en el desarrollo infantil y qué podemos hacer para utilizarla de forma responsable.
Los primeros años necesitan experiencias reales
Durante la primera infancia el cerebro aprende a través del cuerpo y de la interacción con las personas.
Necesita tocar, correr, trepar, construir, explorar, escuchar conversaciones, observar expresiones faciales y experimentar con todo lo que le rodea.
Ninguna pantalla puede sustituir esas experiencias.
Como explicaba en el artículo sobre la importancia del movimiento para aprender, el desarrollo infantil está profundamente ligado a la acción. Los niños no aprenden únicamente mirando; aprenden haciendo.
Por eso, cuando las pantallas ocupan gran parte de su tiempo, inevitablemente desplazan otras actividades que sí son esenciales para su desarrollo.
¿Qué dicen las recomendaciones actuales?
Las principales organizaciones científicas coinciden en una idea: cuanto más pequeños son los niños, más importante es limitar la exposición a las pantallas.
La Organización Mundial de la Salud recomienda evitar el uso de pantallas en menores de un año, y limitar el tiempo a partir de esa edad, priorizando siempre el juego activo, el movimiento y las relaciones con otras personas.
La Asociación Española de Pediatría y la American Academy of Pediatrics mantienen una línea muy similar. Más que fijar un número exacto de minutos, insisten en que la tecnología nunca debería sustituir al sueño, al juego, a la actividad física ni a la interacción familiar.
El problema no siempre es la pantalla
En realidad, muchas veces el problema no es el dispositivo, sino aquello que deja de hacerse por utilizarlo.
Un niño que pasa una hora viendo dibujos después de haber jugado, corrido, hablado con su familia y dormido bien no vive la misma situación que otro que pasa varias horas al día frente a una pantalla y apenas tiene oportunidades de explorar el mundo real.
El desarrollo infantil necesita equilibrio.
Las pantallas ocupan un lugar en nuestra sociedad y sería poco realista pensar que los niños nunca tendrán contacto con ellas.
La cuestión es asegurarnos de que no ocupen el espacio que corresponde a otras experiencias mucho más importantes.
¿Y si el contenido es educativo?
Es una pregunta muy habitual.
Existen aplicaciones, vídeos y juegos diseñados específicamente para niños pequeños. Algunos tienen contenidos interesantes y pueden utilizarse en determinados momentos.
Sin embargo, la investigación muestra que el aprendizaje en los primeros años sigue siendo mucho más eficaz cuando se produce a través de la interacción directa con otras personas.
Escuchar un cuento contado por un adulto, hacer preguntas, observar gestos o comentar lo que ocurre durante la historia aporta mucho más que ver ese mismo cuento en una pantalla.
La tecnología puede complementar algunas experiencias.
Pero no debería sustituirlas.
El ejemplo empieza por los adultos
A menudo nos preocupamos por el tiempo que los niños pasan delante de una pantalla, pero olvidamos mirar el nuestro.
Los niños observan constantemente cómo utilizamos el móvil durante las comidas, mientras jugamos con ellos o incluso cuando estamos manteniendo una conversación.
Si queremos enseñar un uso equilibrado de la tecnología, el primer paso es revisar nuestros propios hábitos.
No se trata de eliminar el móvil de nuestra vida, sino de demostrar que también sabemos dejarlo a un lado cuando una persona necesita nuestra atención.
Educar en la era digital
La tecnología seguirá formando parte de la infancia de las próximas generaciones.
Por eso, más que prohibirla o aceptarla sin límites, necesitamos enseñar a utilizarla con criterio.
Eso implica seleccionar contenidos adecuados, acompañar a los niños cuando utilizan dispositivos, establecer momentos libres de pantallas y ofrecer muchas oportunidades para jugar, leer, conversar, aburrirse y explorar el mundo real.
Porque el objetivo no es criar niños que nunca usen tecnología.
El objetivo es criar niños que no necesiten una pantalla para descubrir, imaginar, aprender o disfrutar.
Y esa diferencia puede marcar toda una infancia.
Referencias
- Organización Mundial de la Salud (OMS). Guidelines on Physical Activity, Sedentary Behaviour and Sleep for Children Under 5 Years of Age.
- American Academy of Pediatrics (AAP). Media and Young Minds.
- Asociación Española de Pediatría (AEP). Recomendaciones sobre pantallas y salud infantil.
- UNICEF. Recursos sobre infancia y entorno digital.
