Entrar en la habitación de muchos niños es como entrar en una juguetería.

Cajas llenas de piezas, muñecos, coches, puzles, peluches, juegos electrónicos… y, aun así, la frase más repetida suele ser:

«Me aburro.»

Puede parecer una contradicción, pero no lo es.

Vivimos en una época en la que los niños tienen acceso a más juguetes que nunca y, sin embargo, cada vez cuesta más mantener su atención durante un tiempo prolongado. No ocurre porque sean menos creativos o porque no sepan jugar. En muchas ocasiones, simplemente tienen demasiado donde elegir.

La realidad es que más juguetes no siempre significan más oportunidades de aprendizaje. De hecho, algunas investigaciones apuntan justo en la dirección contraria.

Cuando hay demasiado para elegir

Imagina que entras en una biblioteca con miles de libros y solo tienes unos minutos para escoger uno.

Probablemente te costará decidir.

Algo parecido puede ocurrirles a los niños cuando tienen decenas de juguetes al alcance de la mano:

  • Empiezan uno.
  • Lo dejan.
  • Cogen otro.
  • Lo abandonan enseguida.
  • Y vuelven a cambiar.

No porque sean incapaces de concentrarse, sino porque el exceso de opciones dificulta mantener la atención en una sola actividad.

Jugar más tiempo… con menos juguetes

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Toledo (Ohio) observó que los niños pequeños jugaban durante más tiempo, de forma más creativa y con mayor profundidad cuando disponían de menos juguetes.

¿La razón?

Al tener menos opciones, exploraban mucho más cada material.

  • Inventaban nuevos usos.
  • Probaban distintas formas de jugar.
  • Y mantenían la atención durante más tiempo.

La creatividad no depende de la cantidad de juguetes, sino de lo que el niño puede imaginar con ellos.

No hace falta comprar constantemente

Es fácil caer en la idea de que cada nuevo juguete aportará un aprendizaje diferente.

Sin embargo, los niños aprenden sobre todo cuando manipulan, experimentan y repiten.

Muchas veces un juego sencillo ofrece muchas más posibilidades que un juguete lleno de luces, sonidos y funciones automáticas.

  • Una caja de cartón.
  • Unas construcciones.
  • Unas telas.
  • Unos animales.
  • Coches.
  • Piezas sueltas.
  • Materiales naturales.
Con frecuencia, los juguetes menos sofisticados son los que permiten un juego más rico.

 

Menos cantidad, más calidad

No se trata de vaciar la habitación y dejar únicamente dos juguetes.

Se trata de elegir mejor.

Preguntarnos si ese material invita a crear, imaginar y explorar o si, por el contrario, solo necesita pulsar un botón para que todo ocurra automáticamente.

Los mejores juguetes suelen ser aquellos que dejan espacio a la imaginación. Los que no lo hacen todo por el niño.

 

Rotar los juguetes puede marcar la diferencia

Una estrategia muy sencilla consiste en no tener todos los juguetes disponibles al mismo tiempo.

Guardar una parte y cambiarlos cada cierto tiempo hace que vuelvan a resultar interesantes sin necesidad de comprar nada nuevo.

Además, reduce la sobreestimulación visual y facilita que los niños se centren durante más tiempo en una misma actividad.

Es una idea sencilla que muchas familias descubren con sorpresa: el juguete «nuevo» ya estaba en casa.

El verdadero valor está en el juego, no en el objeto

Como ya comentaba en el artículo sobre la importancia del aburrimiento, los mejores momentos de juego muchas veces aparecen cuando los niños tienen tiempo para imaginar y crear.

Un juguete no garantiza el aprendizaje.

Lo que realmente importa es lo que el niño hace con él.

Un mismo coche puede convertirse en un coche de carreras, un camión de bomberos o un autobús escolar.

Una caja puede ser un barco hoy y una nave espacial mañana.

Eso es jugar.

Y eso es aprender.

El mejor juguete no siempre se compra

Cuando preguntamos a muchos adultos por sus mejores recuerdos de infancia, pocas veces hablan del juguete más caro.

  • Hablan de construir cabañas con mantas.
  • De jugar en la calle.
  • De inventar historias.
  • De cocinar con arena.
  • De disfrazarse.
  • De crear mundos imaginarios.

Quizá ese sea un buen recordatorio.

Los juguetes son importantes.

Pero el verdadero motor del aprendizaje sigue siendo la imaginación.

Y esa, por suerte, no ocupa espacio en ninguna estantería.

Referencias

  • Dauch, C., Imwalle, M., Ocasio, B. & Metz, A. (2018). The influence of the number of toys in the environment on toddlers’ play. Infant Behavior and Development.
  • American Academy of Pediatrics. The Power of Play.
  • Center on the Developing Child. Harvard University.
  • Peter Gray. Free to Learn.
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