Habilidades sociales y los tipos de conducta

El ser humano es un ser social por naturaleza y nuestra vida está enmarcada dentro de una continua interacción social. Para desenvolvernos adecuadamente ante estas circunstancias es necesario que manejemos un repertorio amplio de Habilidades Sociales (HH.SS.) en nuestra vivencia cotidiana.

Igualmente, a nivel profesional debemos mostrar una serie de habilidades sociales en nuestra relación diaria con las personas y las situaciones con las que trabajamos. De ahí la importancia cada vez mayor de las habilidades sociales en todos los ámbitos de nuestra vida (personal, familiar, laboral, social,…).

Las Habilidades Sociales son una serie de comportamientos, pensamientos y emociones que tenemos en nuestra vida diaria y que contribuyen a mejorar nuestras relaciones interpersonales.

Una definición bastante completa de habilidad social nos la ofrece Vicente E. Caballo:

“La conducta socialmente habilidosa es ese conjunto de conductas emitidas por un individuo, en un contexto interpersonal, que expresa los sentimientos, actitudes deseos, opiniones o derechos de ese individuo, de un modo adecuado a la situación, respetando esas conductas en los demás, y que generalmente resuelve los problemas inmediatos de la situación mientras minimiza la probabilidad de futuros problemas.”

Tener una conducta asertiva es fundamental para mejorar las habilidades sociales y favorecer las relaciones con los demás. En este sentido, se pueden distinguir tres tipos de conducta o comportamiento en función de cómo el individuo se relaciona con los demás y lo que esto produce, tanto en la propia persona como en los otros.

Tres tipos de conducta:

Conducta pasiva: No se expresan los sentimientos ni pensamientos propios, o se hace de manera ineficaz o negativa. Se suprime el propio derecho de poder expresarse adecuadamente, mostrándose en una posición de inferioridad respecto al otro. Refleja temor e inseguridad ante los demás y falta de confianza en sí mismo. Suele reflejar timidez y miedo o incomodidad en las relaciones con los otros. La persona inhibida se siente a menudo incomprendida, no tomada en cuenta, llegando a sentirse mal consigo misma al ser incapaz de expresar sus opiniones, sentimientos o necesidades.

Conducta agresiva: Se expresan sentimientos, ideas, pensamientos, etc. a través de conductas impositivas e incluso violentas hacia los demás. El que habla controla al que escucha, impidiendo la expresión abierta del otro e imponiendo su idea. Se considera en posesión de la razón y desprecia las opiniones diferentes a la suya. Las relaciones que provoca no suelen ser duraderas ni satisfactorias, ya que se minimiza o domina a los demás. Suele aportar sentimientos de poder y de lograr lo que se quiere, por lo que se tiende a reproducir en el futuro, aunque sea a pesar de los otros. Provoca tensión en las relaciones interpersonales.

Conducta asertiva: Es la expresión directa de sentimientos, ideas, opiniones, derechos, etc. respetando el derecho de los otros. El que habla se expresa de forma que no degrada a los que escuchan. Expresa sus ideas o sentimientos sin imponerse sobre los otros, pero además no permitiendo que los demás se aprovechen de él, defendiendo sus propios derechos. A su vez, respeta y valora las opiniones de los otros. La asertividad aporta seguridad y decisión a quien la practica. Permite controlar las situaciones, decir lo que se piensa, respetar y escuchar al otro, favoreciendo la capacidad de relacionarse. La persona está más satisfecha consigo misma y con los demás. Puede cumplir o no sus objetivos, pero la hace sentirse mejor al poder expresar las opiniones. En el otro produce la satisfacción de recibir una comunicación clara y explícita, favoreciendo las relaciones con los demás.

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