La importancia de las emociones en la educación infantil

Las emociones desempeñan un papel importante en el aprendizaje, y la capacidad de comprender y gestionar sus sentimientos es crucial para el desarrollo del niño. A esto se le llama inteligencia emocional. En los últimos años, se ha prestado una atención cada vez mayor a la importancia de la inteligencia emocional en la educación, y muchos colegios la han incorporado ya a su plan de estudios. Pero para que los niños se beneficien realmente de este tipo de educación, es importante que se les enseñen estas habilidades desde una edad temprana.

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Déficits en las Habilidades Sociales

Existen personas que por diferentes razones (físicas, sociales, psicológicas,…) tienen ciertas carencias en algunas habilidades sociales que llevan a que se tengan dificultades en la interacción con el medio en el cual se relaciona la persona en cuestión, lo que puede conllevar a que esta no se integre totalmente.

Al igual que personas que se supone que no tienen esas carencias, en algunos determinados momentos podemos fallar en esas habilidades sociales y no actuar de la manera más adecuada en determinadas situaciones.

Y aquí aparece el término de déficit social, entendido este como una falta de repertorios de respuestas en las HH.SS. requeridas para interactuar con los demás.

Pero recordemos qué son las habilidades sociales:

Las Habilidades Sociales son una serie de comportamientos, pensamientos y emociones que tenemos en nuestra vida diaria y que contribuyen a mejorar nuestras relaciones interpersonales.

Una definición bastante completa de habilidad social nos la ofrece Vicente E. Caballo:

    “La conducta socialmente habilidosa es ese conjunto de conductas emitidas por un individuo, en un contexto interpersonal, que expresa los sentimientos, actitudes deseos, opiniones o derechos de ese individuo, de un modo adecuado a la situación, respetando esas conductas en los demás, y que generalmente resuelve los problemas inmediatos de la situación mientras minimiza la probabilidad de futuros problemas.”

Vicente E. Caballo

Algunas conductas frecuentes que indican este déficit pueden ser:

  • Problemas en el inicio o en mantener una conversación.
  • No saber decir que no.
  • No poder expresar tus propias opiniones.
  • Tener conductas agresivas.

Además, puede conllevar a que la persona sufra de estrés o ansiedad, tenga una baja autoestima, se aísle de los demás, o que pueda sufrir ciertos conflictos personales.

Pero como en todo, el déficit en las habilidades sociales tiene unas causas, estas son de dos tipos:

  • Déficit de competencia: La conducta correcta no se conoce, por lo cual la respuesta no se encuentra dentro del repertorio comportamental de la persona, lo que significa que si no dispone de esas habilidades sociales es porque nunca las ha aprendido.
  • Déficit de interferencia: La persona sabe cuál es la conducta correcta porque dispone de esas habilidades sociales, solo que no las emplea por diferentes motivos que pueden ser cognitivos, emocionales o conductuales.

Es importante saber cuál de estas dos causas es la que está afectando al niño para poder establecer la estrategia de intervención que mejor le convenga.

Las expresiones del déficit en habilidades sociales más corrientes son:

  • Timidez: Es una sensación sonde la persona sufre vergüenza o inseguridad ante una situación social, va acompañada de nervios y temores (temor a decir algo incoherente, al rechazo, al juicio o a la crítica, etc.)
  • Bloqueo: La persona se queda paralizada y no puede hablar o expresarse debido a la timidez o a la ansiedad que le provoca la situación en sí, se “queda en blanco”.
  • Ansiedad social: Es el miedo que tiene la persona en una situación de interacción social y que se ve reflejada en un nerviosismo palpable o hasta en una fobia social. Esta suele sufrir tartamudeos, sudoración, elevación del pulso, etc.
  • Aislamiento: Como a la persona le cuesta relacionarse con el entorno se aísla, evita las interacciones sociales y cualquier tipo de contacto con los demás.
  • Sobreadaptación: Las personas que sufren de autoestima o que tienen una conducta pasiva generalmente tienden a intentar agradar a los demás y adaptarse a lo que los demás quieren.
  • Agresividad: Este déficit se muestra con acciones autoritarias sin tener en consideración a los demás, algunas características son los gritos, los insultos, las amenazas, el tono alto de voz, etc.

Estas deficiencias y otras muchas dificultan relacionarnos correctamente con los demás, por lo que si vemos en el aula un niño con alguna de estas características debemos observarlo bien y corregirlo adecuadamente a través de estrategias que le ayuden a entablar unas relaciones positivas con los demás.

Educación emocional

La educación emocional es fundamental para mejorar y enriquecer las habilidades sociales, ya que se centra en el control y la expresión de las emociones, y aquí es donde cobra importancia el concepto de Inteligencia Emocional.

La Inteligencia Emocional (IE)

Tradicionalmente se ha medido la inteligencia a través del cociente intelectual (C.I.), pero se ha demostrado que una persona puede tener un CI alto y no evolucionar laboralmente o incluso no tener unas relaciones personales sanas o adecuadas. Para ello se integra el término de Inteligencia Emocional para estimar la capacidad de la consecución de esos logros intrínsecos que cada persona anhela, sean personales o sociales, a través del uso apropiado de las emociones.

En la actualidad se habla de diferentes inteligencias, Gardner propone la teoría de las inteligencias múltiples distinguiendo 8 tipos de inteligencias:

  • Inteligencia musical.
  • Inteligencia cinético-corporal.
  • Inteligencia lógico-matemática.
  • Inteligencia lingüística.
  • Inteligencia espacial.
  • Inteligencia naturalista.
  • Inteligencia interpersonal.
  • Inteligencia intrapersonal.

En su teoría de las inteligencias múltiples se destaca un conjunto de capacidades y habilidades que son desarrolladas por cada individuo en función de ciertos factores, como pueden ser los sociales, personales o biológicos, en definitiva, ocho maneras de aprender y de conocer y relacionarse con el mundo a través del lenguaje, del análisis lógico-matemático, de la representación espacial, del pensamiento musical, del uso del cuerpo, de la comprensión de los demás o de nosotros mismos, o del contacto con el medio o el entorno que nos rodea.

Las dos últimas destacan en lo referente al punto emocional.

Este concepto de Inteligencia Emocional comienza a difundirse a raíz del best seller “Inteligencia Emocional” de Daniel Goleman (1995) donde afirma que en el éxito personal y profesional, el 20% depende del cociente intelectual y el 80% de la inteligencia emocional.

Goleman describe los elementos que componen la Inteligencia Emocional:

  • Conocimiento de uno mismo: Reconocer los propios sentimientos y emociones.
  • Regular las emociones: Control del impulso, expresarlas de forma adecuada.
  • Reconocer las emociones de los demás: Empatía.
  • Motivarse a sí mismo: Encaminar las emociones hacia el logro de objetivos.
  • Establecer relaciones positivas con uno mismo y con los demás.

En definitiva, la Inteligencia Emocional constituye la capacidad de distinguir, entender y regular las propias emociones y las de los demás para controlarlas y usarlas con el fin de mejorar las relaciones con mismos, con los demás y con el entorno.

Se ha comprobado que una buena inteligencia emocional mejora la salud física y psicológica de las personas, lo que conlleva a tener un mayor rendimiento laboral y académico, la toma de mejores decisiones y alcanzar una mayor felicidad.

“El pensamiento controla las emociones, y las emociones guían el pensamiento”

D. Goleman

Para que podamos desarrollar nuestra Inteligencia Emocional debemos trabajar las siguientes habilidades:

  • Autoconciencia: Conocer las propias emociones y lo que provocan en cada uno.
  • Comprensión emocional: Comprender lo que nos pasa y por qué nos pasa, y conseguir así estar mejor con nosotros mismos.
  • Automotivación: Ser capaces de usar las emociones para motivarse.
  • Empatía: Reconocer y comprender las emociones de los demás.
  • Autorregulación emocional: Regular y manejar las propias emociones e impulsos y no al revés.
  • Autocontrol y reducción de la ansiedad: Canalizar y superar las situaciones que nos provocan malestar, estrés, tensión, etc. sin alterarnos o perder los papeles.

La Educación emocional

La Inteligencia Emocional se puede aprender a través de la Educación Emocional en diferentes ámbitos, familia, escuela, entorno social, etc. es un proceso educativo, continuo y permanente que consiste en favorecer y potenciar el desarrollo emocional de forma integral. Un punto clave de esta educación es la comprensión de uno mismo para poder comprender a los demás.

Los objetivos fundamentales de la Educación emocional son:

  • Adquirir un mejor conocimiento de las propias emociones.
  • Identificar las emociones de los demás.
  • Tener la capacidad de expresar las emociones.
  • Adquirir la capacidad de comprender las emociones propias y ajenas.
  • Desarrollar la habilidad de regular las propias emociones.
  • Adoptar una actitud positiva ante la vida.