El Síndrome de Asperger

El síndrome de Asperger se encuentra dentro de los Trastornos del Espectro Autista y es un trastorno del desarrollo que padecen algunas personas y que se caracteriza por:

  • Tener dificultades en la interacción social, tanto en su comunicación como en su comportamiento.
  • Ser personas inocentes o ingenuas.
  • Incomprensión de las bromas o ironías al interpretar todo literalmente.
  • Fijación por las rutinas, ya que sin ellas se sienten perdidos.
  • Rechazar automáticamente los cambios.
  • Tener intereses limitados que a la vez son muy duraderos en el tiempo y de los que se pueden convertir en expertos.
  • Poseer menor empatía hacia los demás al no reconocer o distorsionar los sentimientos o emociones.
  • Tener dificultad para abstraer conceptos.
  • Existir dificultades en la coordinación motora.
  • Sentir sensibilidad hacia sonidos o luces estridentes.
  • Tender al balanceo o a los movimientos repetitivos cuando se concentran en algo.
  • Disponer de una memoria insólita para los detalles.
  • Tener problemas de sueño o de alimentación.

Este trastorno es muy frecuente (de 3 a 5 por cada 1000 nacimientos), con un mayor porcentaje en niños que en niñas y se muestra de manera diferente en cada persona, aunque tengan algunas características en común.

Bajo mi punto de vista el Trastorno de Asperger se podría considerar como una carencia de habilidades sociales, puesto que, tanto niños como adultos, tienen una inteligencia normal, e incluso a veces superior, y su discapacidad solo se manifiesta a través de las relaciones sociales que llevan a cabo y que suelen ser problemáticas a causa de sus comportamientos.

Por ello la importancia de una identificación precoz del trastorno para poder ofrecer una respuesta educativa correcta y una adecuada ayuda para afrontar su vida social y personal.

El ser humano es un ser social por naturaleza y su vida está enmarcada dentro de una continua interacción social. Para desenvolverse adecuadamente ante estas circunstancias es necesario que se maneje un repertorio amplio de Habilidades Sociales en la vivencia cotidiana.

Estas podrían definirse como un conjunto de comportamientos con los que podemos relacionarnos con los demás de una forma satisfactoria. Se pueden aprender y ello requiere entrenamiento y práctica. El objetivo es proporcionar pautas que ayuden a ser personas socialmente más eficientes.

Una definición bastante completa de habilidad social la ofrece Vicente E. Caballo[1]:

“La conducta socialmente habilidosa es ese conjunto de conductas emitidas por un individuo, en un contexto interpersonal, que expresa los sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos de ese individuo, de un modo adecuado a la situación, respetando esas conductas en los demás, y que generalmente resuelve los problemas inmediatos de la situación mientras minimiza la probabilidad de futuros problemas.”


[1] CABALLO, V.E.: Teoría, evaluación y entrenamiento de las habilidades sociales. Promolibro. Valencia, 1987

Dentro de las Habilidades Sociales se diferencias tres tipos:

  • Cognitivas: Son aquellas en las que intervienen elementos psicológicos y están relacionadas con la función de pensar.

Algunas pueden ser: Identificar gustos, deseos, preferencias, resolver problemas, autorregularse, autorreforzarse, etc.

  • Emocionales: En las mismas está implicada la expresión de emociones. Están relacionadas con la función de sentir.

Algunas pueden ser: Expresar sentimientos, controlar la ira, resolver el miedo, entender lo que le pasa a otros, etc.

  • Instrumentales: Son aquellas que tienen una utilidad concreta. Están relacionadas con la función de actuar.

Algunas pueden ser: Conversar, hacer preguntas, callar, rechazar provocaciones, expresión del cuerpo, etc.

Para favorecer una mejoría en la competencia social habría que trabajar:

  • El entrenamiento en habilidades sociales, estrategias, programas y técnicas para aprender y adquirir las habilidades sociales necesarias.
  • La comunicación, elemento fundamental de las habilidades sociales.
  • La asertividad, como forma adecuada de conducta en relación con los demás. Incluye la empatía y la escucha activa como aspectos fundamentales para una buena comunicación con el otro.
  • La Inteligencia emocional y la educación emocional, que conlleva, entre otras cosas, la regulación y expresión de las emociones.
  • La reestructuración cognitiva, o cambio de los pensamientos negativos que impiden actuar de manera adecuada.

Como buenos docentes debemos estar al día de técnicas y estrategias que puedan ayudar a nuestros alumnos a resolver dificultades de esta índole, siempre en colaboración con los diferentes Equipos y la familia.

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