Concepciones y modelos en las Altas Capacidades (I)

Las diferentes concepciones o modelos sobre la Alta Capacidad dependen de la manera en que cada uno lo ve y de cómo lo traslada posteriormente al aula, cómo se realiza la identificación, la importancia que se le da al potencial, al rendimiento del alumno, a sus propias aptitudes frente a los retos que se le ofrecen, su forma de aprender, etc., y de cómo el maestro, con todo lo observado, interviene.

Estas concepciones se pueden clasificar en tres grupos:

  • Concepciones fundamentadas en el CI.
  • Concepciones fundamentadas en el CI y otras aptitudes.
  • Concepciones que no aceptan el concepto de la alta capacidad.

Concepciones fundamentadas en el CI

Dentro de las concepciones fundamentadas en el CI podemos encontrar la concepción psicométrica, que justifica que obtener una alta puntuación en un test de inteligencia significa tener una alta capacidad, condicionando así los procedimientos de identificación de los alumnos con altas capacidades. Para poder entenderla, antes habría que detallar la estructura de la inteligencia, el análisis factorial.

El análisis factorial es un método estadístico para separar un constructo (en este caso la inteligencia) en un número hipotético de factores o aptitudes que a juicio de los investigadores constituyen la base de las diferencias individuales en los resultados de un test de inteligencia. Estos factores dependen de las preguntas específicas que se plantean y de las tareas que evalúa el test”.

Roberto Ranz, en el artículo Concepción psicométrica de la alta capacidad de su blog Gestión del talento.

Este se realiza en tres fases, se le aplican diferentes test de inteligencia a un grupo de alumnos, se define la correlación entre los test que se han aplicado, y por último, se concluye con un análisis estadístico de las propias correlaciones para unificarlas en un número de factores que sinteticen el rendimiento de los alumnos en los test.

Este análisis factorial se diferencia en función del teórico que la defienda y el tipo de modelo:

Modelos de dominio general

Los modelos de dominio general evalúan a través del CI. Las primeras investigaciones sobre la alta dotación usaron los términos dotado, genio y talentoso, de modo intercambiable.

Según Francis Galton y su libro Hereditary Genius (1869), genio se define como una capacidad excepcionalmente alta e innata y se da en las familias, se hereda genéticamente.

Spearman: la teoría del factor g, en 1904 determinó que la inteligencia se comprende a partir de un factor general, al que llamó g, el cual explica el rendimiento obtenido de los alumnos al realizar los test, y por otro lado de una serie de factores específicos, llamados s, unidos a uno o dos de dichos test. Según Spearman, una persona con alta capacidad sobresale por su inteligencia general (puntuación del factor g).

En el aula, el alumno realiza el test de inteligencia y si su puntuación es igual o superior a 130, se le valora como de alta capacidad.

Las escalas de inteligencia Stanford-Binet (1916), creadas por Lewis Terman, son el fruto del trabajo de Alfred Binet y Thedore Simon en 1905 que crearon la primera escala para reconocer alumnos con retraso mental. Terman revisó su arduo trabajo y creó la primera versión de sus escalas de inteligencia.

Se establece un sistema de clasificación:

  • CI>135 moderadamente dotado
  • CI>150 excepcionalmente dotado
  • CI>180 profundamente dotado

En la última versión incorpora cinco apartados: Razonamiento Fluido, Conocimiento, Razonamiento cuantitativo, Procesamiento viso-espacial, y Memoria de Trabajo, y ha sido uno de los test más usados para evaluar la alta capacidad.

Modelos de dominio específico

Los Modelos de Dominio específico tienen en cuenta valoraciones en diferentes dominios y tipos de inteligencia.

Thurstone: la teoría de las aptitudes mentales primarias, en 1938 determinó que la inteligencia no solo se encuentra en un solo factor, sino en siete factores diferentes y específicos a los que denominó Aptitudes Mentales Primarias, compuestos por:

  • Comprensión Verbal
  • Fluidez Verbal
  • Razonamiento Inductivo
  • Visualización Espacial
  • Aptitud Numérica
  • Memoria
  • Velocidad Perceptiva

El orientador debe valorar en qué medida combina estas aptitudes y qué importancia le da a cada una para la posterior identificación de los alumnos con altas capacidades, para ello podrá combinar las puntuaciones de diferentes factores para obtener un resultado final que defina el CI para determinar una puntuación de corte; podrá también combinarlas para obtener una puntuación general, dando a cada factor una importancia diferente; podrá determinar diferentes puntuaciones para cada factor donde el alumno tenga que superarlos para que sea considerado de alta capacidad; o podrá usar un modelo mezclado, donde el alumno obtenga puntuaciones muy elevadas en uno o dos factores y en los demás o en algunos, una puntuación alta.

Guilford: las tres facetas de la inteligencia, en 1998 este teórico incluye más de 150 factores mentales a su modelo, ya que según dice, la inteligencia se comprende como si un cubo representara la intersección de tres facetas, las operaciones, los contenidos y los productos. Las operaciones corresponden a los procesos mentales simples, los contenidos a los conceptos que surgen en un problema, y los productos son las respuestas dadas.

Este modelo no ha sido muy usado porque resulta difícil obtener 150 puntuaciones de cada persona a la que se le evalúa, de ahí que los orientadores utilicen otros diferentes.

Horn, Cattell y Carroll: los modelos jerárquicos, (1966) Horn y Cattell proponen que la inteligencia se subdivide en dos factores, la inteligencia fluida, entendida como velocidad y precisión del razonamiento abstracto, y la inteligencia cristalizada, entendida como los conocimientos y el vocabulario aprendidos. Además de estos dos factores habría otros específicos.

En 1993, Carroll propuso tres estratos graduales de la mente, el estrato I comprendería las aptitudes cognitivas específicas, en el estrato II las no específicas, y en el estrato III englobaría la inteligencia general.

Los modelos de Horn y Cattell y el de Carroll se aúnan en un solo modelo (CHC), en el cual prima la importancia del factor general y se evalúan los factores del estrato II de Carroll, y resultando decisivo en la creación de las escalas de inteligencia.

Las más valoradas y utilizadas para la evaluación cognitiva de los alumnos de altas capacidades son la escala de inteligencia Stanford-Binet (SB), la escala de inteligencia de Wechsler, la escala de aptitudes BAS-II y la escala de inteligencia de Reynolds (RIAS).

La escala de inteligencia de Stanford-Binet se encuentra en su quinta edición y mide cinco factores: el razonamiento cuantitativo, el procesamiento visual-espacial, la memoria de trabajo, el razonamiento fluido y el conocimiento general.

La escala de inteligencia de Wechsler se creó en 1939, con 6 revisiones posteriores, ofrece tres puntuaciones: verbal, de ejecución y general o CI, mezcla de las dos primeras.

El WISC-IV, la última versión, muestra cuatro listas de puntuaciones: Comprensión Verbal (CV), Razonamiento Perceptivo (RP), Velocidad de procesamiento (VP) y Memoria de Trabajo (MT), además de una puntuación general o CI.

La última versión de la Wechsler Adult Intelligence Scale (WAIS-IV) contiene las mismas listas de puntuaciones que el WISC-IV e incluye la relación interpersonal, el trabajo desempeñado y el control de la vida de la propia persona.

La escala de aptitudes BAS-II es una de las más completas y utilizadas a nivel europeo, se distribuye en dos baterías, el BASS II infantil y el escolar. El escolar está formado por 6 test principales, 8 de diagnóstico, y dos de rendimiento, tiene índice general de inteligencia (CI), tres índices de aptitud intelectual y un índice general no verbal.

La escala de inteligencia de Reynolds (RIAS) tiene 6 test con puntuaciones en inteligencia general, inteligencia verbal, inteligencia no verbal y memoria general. Para procesos de screening se puede usar su versión breve (RIST).

Habilidades sociales y los tipos de conducta

El ser humano es un ser social por naturaleza y nuestra vida está enmarcada dentro de una continua interacción social. Para desenvolvernos adecuadamente ante estas circunstancias es necesario que manejemos un repertorio amplio de Habilidades Sociales (HH.SS.) en nuestra vivencia cotidiana.

Igualmente, a nivel profesional debemos mostrar una serie de habilidades sociales en nuestra relación diaria con las personas y las situaciones con las que trabajamos. De ahí la importancia cada vez mayor de las habilidades sociales en todos los ámbitos de nuestra vida (personal, familiar, laboral, social,…).

Las Habilidades Sociales son una serie de comportamientos, pensamientos y emociones que tenemos en nuestra vida diaria y que contribuyen a mejorar nuestras relaciones interpersonales.

Una definición bastante completa de habilidad social nos la ofrece Vicente E. Caballo:

“La conducta socialmente habilidosa es ese conjunto de conductas emitidas por un individuo, en un contexto interpersonal, que expresa los sentimientos, actitudes deseos, opiniones o derechos de ese individuo, de un modo adecuado a la situación, respetando esas conductas en los demás, y que generalmente resuelve los problemas inmediatos de la situación mientras minimiza la probabilidad de futuros problemas.”

Tener una conducta asertiva es fundamental para mejorar las habilidades sociales y favorecer las relaciones con los demás. En este sentido, se pueden distinguir tres tipos de conducta o comportamiento en función de cómo el individuo se relaciona con los demás y lo que esto produce, tanto en la propia persona como en los otros.

Tres tipos de conducta:

Conducta pasiva: No se expresan los sentimientos ni pensamientos propios, o se hace de manera ineficaz o negativa. Se suprime el propio derecho de poder expresarse adecuadamente, mostrándose en una posición de inferioridad respecto al otro. Refleja temor e inseguridad ante los demás y falta de confianza en sí mismo. Suele reflejar timidez y miedo o incomodidad en las relaciones con los otros. La persona inhibida se siente a menudo incomprendida, no tomada en cuenta, llegando a sentirse mal consigo misma al ser incapaz de expresar sus opiniones, sentimientos o necesidades.

Conducta agresiva: Se expresan sentimientos, ideas, pensamientos, etc. a través de conductas impositivas e incluso violentas hacia los demás. El que habla controla al que escucha, impidiendo la expresión abierta del otro e imponiendo su idea. Se considera en posesión de la razón y desprecia las opiniones diferentes a la suya. Las relaciones que provoca no suelen ser duraderas ni satisfactorias, ya que se minimiza o domina a los demás. Suele aportar sentimientos de poder y de lograr lo que se quiere, por lo que se tiende a reproducir en el futuro, aunque sea a pesar de los otros. Provoca tensión en las relaciones interpersonales.

Conducta asertiva: Es la expresión directa de sentimientos, ideas, opiniones, derechos, etc. respetando el derecho de los otros. El que habla se expresa de forma que no degrada a los que escuchan. Expresa sus ideas o sentimientos sin imponerse sobre los otros, pero además no permitiendo que los demás se aprovechen de él, defendiendo sus propios derechos. A su vez, respeta y valora las opiniones de los otros. La asertividad aporta seguridad y decisión a quien la practica. Permite controlar las situaciones, decir lo que se piensa, respetar y escuchar al otro, favoreciendo la capacidad de relacionarse. La persona está más satisfecha consigo misma y con los demás. Puede cumplir o no sus objetivos, pero la hace sentirse mejor al poder expresar las opiniones. En el otro produce la satisfacción de recibir una comunicación clara y explícita, favoreciendo las relaciones con los demás.

Intervención con alumnos con TDAH

Es necesario saber que en la etapa infantil de 0 a 6 años los niños son muy inquietos, tienen atención selectiva y no son capaces de centrarse en un aspecto durante mucho tiempo, se encuentran en pleno desarrollo, es por eso por lo que se diagnostica a partir de los 7 años. Si se detecta en el aula de infantil un niño con TDAH, lo que se va a intentar es modificar, controlar y hacer desaparecer la conducta.

Intervenciones más frecuentes

“El enfoque terapéutico cognitivo-conductual ha demostrado ser la herramienta más eficaz que disponemos para reducir los comportamientos perturbadores de los niños con TDAH y aumentar los comportamientos autocontrolados”.

Soutullo y Díez, 2007

Para utilizarlo, hay que hacer partícipe a las personas encargadas de la educación del niño.

Aspectos que se trabajan con estas técnicas:

  • Desarrollo y orientación personal.
  • Resolución de conflictos.
  • Entrenamiento en auto-instrucciones.
  • Organización y planificación de la conducta en función de objetivos y metas.
  • Autorregulación emocional.
  • Entrenamiento en habilidades y estrategias internas.

Programas cognitivos-conductuales

Entrenamiento en solución de problemas

Se basa en adquirir el autocontrol a través del pensamiento secuencial apoyándose en actividades sencillas, sociales e interpersonales. Su entrenamiento se desarrolla en cuatro fases (Urueta, 2003):

  • Fase 1: Reconocimiento del problema. Se les enseña a los niños a entender cuáles son las señales que hacen aparecer un problema.
  • Fase 2: Análisis del problema. Los niños deben explicar los orígenes del problema a través del análisis y el diálogo.
  • Fase 3: Formular soluciones alternativas y valorar sus consecuencias. Los niños elaborarán diversas soluciones para seleccionar la mejor.
  • Fase 4: Pensamiento Medios Fines. Se les ayuda a expresar sus propios sentimientos, a empatizar con los demás y respetarlos, a colaborar con sus semejantes y los adultos, etc.

Entrenamiento autoinstruccional

Con esta técnica se fomenta el uso del lenguaje en la autorregulación del comportamiento para solucionar los problemas. El niño realiza actividades sencillas para que se habitúe a pensar en lo que dice. Poco a poco se va aumentando su aplicación a diversas situaciones: personales, sociales, etc. Esta técnica es muy útil para cambiar la conducta del niño mediante sus propias sugerencias, guiando así, su propia conducta.

Entrenamiento de inoculación de estrés

Esta técnica ayuda a los niños a manejar situaciones que les provoca estrés para que puedan autocontrolarse, de esta manera podrán relajarse y usar estrategias adaptativas para su vida diaria.

Modelado participativo

Esta técnica se basa en el aprendizaje observacional y el profesor ejerce de estímulo provocando así conductas o pensamientos en los niños, sirviendo tanto para adquirir conductas o habilidades como para inhibir o desinhibir conductas determinadas.

Utilización de contingencias

Con esta técnica se controlan los factores ambiente partícipes en las alteraciones del trastorno, favoreciendo los procedimientos cognoscitivos que provocan las conductas y estrategias alternativas.

Costo de respuesta

El niño pierde un privilegio a causa de una conducta inadecuada, se le quita en el mismo momento de realizarla para así conseguir que reduzca ese comportamiento. Esta técnica es muy eficaz como retroalimentación negativa para los niños que muestran este tipo de trastornos.

Economía de fichas

Es utilizada para fomentar la conducta esperada por el docente a través de los reforzamientos.

Krasner (1971, citado en Trull 2003) señala tres razones para el uso de este procedimiento:

“a) debe haber una especificación clara y cuidadosa de los comportamientos deseables que se reforzarán;

b) debe establecerse un reforzador definido con claridad (por ejemplo fichas de plástico, tarjetas o monedas);

y c) se fijan reforzadores de respaldo. Estos pueden ser privilegios especiales u otras cosas deseadas por el paciente”.

Retroalimentación

Es un reforzador condicionado que hace referencia al conocimiento de los resultados de la propia ejecución y no siempre incluye eventos adicionales que pudieran ser reforzantes por mérito propio”. (Kazdin, 2000)

Reforzadores sociales

Se aplican fácilmente en la vida diaria del niño y en un sinfín de situaciones, se incluyen las caricias, el afecto, las palabras amables y de aprobación, las sonrisas, etc. Este refuerzo debe obtenerlo el niño con su buen comportamiento.

Reforzador positivo

Gracias a esta técnica, en el niño aumentan las conductas deseadas por el docente. Al niño se le ofrece un refuerzo positivo si su comportamiento es el adecuado.

Técnica de la Tortuga

Esta técnica se usa con todo el grupo y se cuenta la historia de una tortuga, la cual tiene una conducta similar al niño con TDAH. Es muy útil, ya que se hace partícipe a toda la clase para poder ayudar al niño en cuestión.

Es necesario ser constante y no decaer. Según Barkley, antes de decidir que un programa de modificación de conducta no funciona debe ponerse a prueba, al menos, durante dos semanas.

Barkley, 2001

Cuento de la tortuga


En una época muy remota vivía una tortuga joven y elegante. Tenía (x) años de edad y justo entonces acababa de empezar (X) curso. Se llamaba Tortuguita.
A Tortuguita no le gustaba ir al colegio. Prefería estar en casa con su madre y su hermanito. No quería estudiar ni aprender nada de nada; sólo le gustaba correr y jugar con sus amigos o pasar las horas muertas viendo la televisión. Le parecía horrible tener que hacer cuentas y más cuentas; y aquellos horribles problemas de matemáticas que nunca entendía. Odiaba con toda el alma leer y lo hacía bastante mal y era incapaz de acordarse de apuntar los deberes que le mandaban. Tampoco se acordaba nunca de llevar los libros al colegio.
En clase, jamás escuchaba a la profesora y se pasaba el rato haciendo ruidos que volvían locos a todos. Cuando se aburría, y sucedía muy a menudo, interrumpía la clase chillando o diciendo tonterías que hacían reír a todos. En ocasiones, intentaba trabajar pero lo hacía rápido para terminar cuanto antes y se volvía loca de rabia cuando, al final, le decían que lo había hecho mal.
Cuando esto sucedía arrugaba las hojas o las rompía en mil pedazos. Así transcurrían los días.
Cada mañana, camino del colegio, se decía a sí misma que iba a esforzarse todo lo posible para que no la castigasen en todo el día. Pero, al final, siempre acababa metida en algún lío. Casi siempre se enfurecía con alguien y se peleaba constantemente, aunque sólo fuera porque creía que el que le había empujado en la cola lo había hecho a propósito. Se encontraba siempre metida en dificultades y empezó a estar harta del colegio. Además, una idea empezó a rondarle por la cabeza; «soy una tortuga muy mala», se decía. Estuvo pensando esto mucho tiempo sintiéndose mal, muy mal.
Un día, cuando se sentía más triste y desanimada que nunca, se encontró con la tortuga más grande y más vieja de la ciudad. Era una tortuga sabia, tenía por lo menos 100 años y su tamaño era enorme. La tortuga sabia se acercó a Tortuguita y le preguntó qué le ocurría. Tortuguita tardó en responder impresionada por semejante tamaño. Pero la vieja tortuga era tan bondadosa como grande y estaba deseosa de ayudarla. «¡Hola!», dijo con
voz inmensa y rugiente, «voy a contarte un Secreto. ¿No comprendes que llevas sobre ti la solución para los problemas que te agobian?»
Tortuguita no sabía de qué le estaba hablando. « ¡Tu caparazón, tu caparazón!», exclamó la tortuga sabia, « ¡para eso tienes una coraza! Puedes esconderte en su interior siempre que te des cuenta de que lo que estás haciendo o diciendo te da rabia. Entonces, cuando te encuentres dentro de tu concha dispondrás de un momento de tranquilidad para estudiar tu problema y buscar la mejor solución. Así que, ya lo sabes, la próxima vez que te irrites, métete inmediatamente en tu caparazón».
A Tortuguita le gustó la idea y estaba impaciente por probar su nuevo secreto en el colegio.
Llegó el día siguiente y, de nuevo, Tortuguita cometió un error que estropeó su hoja de papel blanco y reluciente, empezó a experimentar otra vez sentimientos de furia y rabia, y cuando estaba a punto de perder la paciencia y arrugar la hoja, se acordó de lo que le había dicho la vieja tortuga. Rápida como el rayo, encogió sus brazos, piernas y cabeza, apretándolas contra su cuerpo, deslizándose hacia el interior de su caparazón. Permaneció así hasta que tuvo tiempo de pensar qué era lo mejor que podía hacer para resolver su problema con la hoja. Fue estupendo para ella encontrarse allí tan tranquila y confortable dentro de su concha donde nadie podía molestarla.
Cuando por fin salió de su concha, se quedó sorprendida al ver que su profesora le miraba sonriente. Tortuguita explicó que se había puesto furiosa porque había cometido un error. La profesora le dijo que estaba orgullosa de ella porque había sabido controlarse. Luego, entre las dos, resolvieron el fallo de la hoja. Parecía increíble que con una goma y borrando con cuidado, la hoja pudiera volver a quedar limpia.
Tortuguita continuó aplicando su secreto mágico cada vez que tenía problemas, incluso en el recreo. Pronto, todos los niños que habían dejado de jugar con ella por su mal carácter, descubrieron que ya no se enfurruñaba cuando perdía en un juego ni pegaba a todo el mundo por cualquier motivo. Al final de curso, Tortuguita aprobó todo y jamás le faltaron amigos.

Evolución del sentido del oído

El sentido del oído es muy importante para el desarrollo de un niño, ya que para procesar la información que nos transmite el entorno debemos desarrollar el sentido de la audición.

Desde el momento del nacimiento los bebés tienen el sentido del oído más o menos desarrollado, e incluso pueden oír y responder a los sonidos veintiocho semanas antes de su nacimiento, donde ya han tenido la oportunidad de escuchar el paso de la sangre por el cordón umbilical, ruidos intestinales y latidos del corazón de su madre.

Pero el líquido amniótico que ha penetrado en el conducto auditivo del bebé durante nueve meses produce una oclusión que hace que durante las dos semanas después de su nacimiento pueda llegar a disminuir su capacidad auditiva, aunque siga respondiendo a estímulos a través de la vista, la aceleración del ritmo cardíaco y la respiración.

Poco a poco podrán ir diferenciando sonidos de habla humano y sonidos no verbales como el ruido de un tambor.

Además, los bebés reaccionan ante sonidos que les resultan familiares, sonidos que estuvo escuchando durante los nueve meses de gestación y que tiene la capacidad de recordar y reaccionar ante ellos, bien de manera agradable si le produjo tranquilidad en su momento, (puede que incluso le ayude a conciliar el sueño) o de manera desagradable si le resultaba ruidoso o molesto (lo que le llevará a llorar).

Es importante conocer algunos de los hechos más relevantes de la evolución auditiva humana. El oído se desarrolla mayoritariamente de manera intrauterina, su formación comienza durante las primeras semanas en unas protuberancias situadas bajo la cabeza, a ambos lados del cuello; poco a poco los pabellones auditivos se irán desplazando desde ahí hasta su correcta localización.

Desde el final del sexto mes el oído ya está en su sitio y completamente formado, pero el feto ya puede percibir sonidos procedentes de la madre o del exterior desde la décimo sexta semana.

Desde el primer mes después del nacimiento tiene la capacidad de responder ante un ruido girando la cabeza, se siente atraído por sonidos del habla humana, sobre todo en tonos más fuertes de lo normal, aunque oyen mejor las frecuencias bajas.

Entre los dos y los cuatro meses es capaz de inclinarse por uno u otro sonido vocálico y al quinto mes percibe las emociones de los seres que le rodean.

Con seis meses perfecciona la sensibilidad auditiva hasta percibir correctamente las frecuencias y tonos dados en el entorno, así el niño será capaz de discriminar sonidos con el paso del tiempo.

Las reglas básicas para la estimulación de la audición del bebé son:

  • Una pronunciación exagerada o emitir sonidos articulados.
  • La creación de un diálogo a base de preguntas repetitivas.

Con una buena base de la adquisición del lenguaje, la estimulación auditiva debe estar unida a los movimientos del cuerpo, la utilización de la boca y la lengua. Es importante que te observe para que empiece a repetir sonidos, debemos repetir lo que ha dicho para ir estableciendo pequeños diálogos que sean muy enriquecedores para fortalecer y favorecer el vínculo afectivo entre padres e hijos.

El oído y sus características

El oído es el órgano que se encarga de la audición y del equilibrio.

Una de sus funciones es percibir los diferentes tonos y timbres a través de la diferenciación vibratoria de cada uno de ellos. La segunda función que tiene el órgano del oído es diferenciar el volumen de cada tono o sonido. Gracias a estas dos funciones que tiene podemos distinguir los tonos de los ruidos, ya que cada uno tiene una vibración diferente.

Por otra parte, somos capaces de entender lo que oímos porque el órgano del oído manda las vibraciones de los sonidos al cerebro para que transmita dicha información, y así podemos entender el significado.

Una de las partes del oído son unas terminaciones nerviosas que al recibir información de los movimientos corporales nos ayuda a mantener el equilibrio.

El órgano del oído está dividido en tres partes:

-Oído externo.

-Oído medio.

-Oído interno.

Oído externo

El oído externo se encarga de recibir las ondas sonoras del ambiente y enviarlas al oído medio. Está compuesto por las siguientes partes:

  • El Pabellón Auditivo, está formado por la piel de nuestro organismo y por el cartílago.
  • El Conducto Auditivo Externo, es la continuación del Pabellón Auditivo. Su pared está compuesta por una parte cartilaginosa que es móvil, donde se encuentra la Glándula Ceruminosa que segrega la cera del oído que se llama cerumen y los folículos pilosos; y por otra parte ósea que es fija.
  • Membrana Timpánica o Tímpano, es la estructura que divide el oído externo del medio. Cuando las ondas sonoras chocan con ella, esta vibra y las convierte en impulsos nerviosos para poderlos mandar al cerebro.

Oído medio

El oído medio es una cadena de huesecillos, encargado de recibir las ondas sonoras del ambiente y enviarlas al oído interno. Está formado por las siguientes partes:

  • Martillo.
  • Yunque.
  • Estribo.

Oído interno

El oído interno es el encargado de mantener el equilibrio y está formado por las siguientes partes:

  • Vestíbulo, cuya estructura está formada por el Utrículo y el Sáculo, que se encarga del equilibrio.
  • Los Conductos o Canales Semicirculares, situados al lado del Caracol, y es dónde se encuentran el sentido de la rotación y del equilibrio. Su función es de sentir los movimientos de la cabeza para así poder informar al cerebro.
  • El Caracol, es un conducto que se encarga de la audición.

El oído percibe las diferentes profundidades de cada sonido y puede localizar las direcciones de las que proceden. Esta propiedad se desarrolla más en las personas que no ven. Diferencia la dirección de los sonidos porque las vibraciones llegan antes a un oído que al otro.

Teoría del apego

La teoría del apego fue creada por John Bowlby y secundada por muchos otros autores, como Ainsworth, en la cual se explica que existe un sistema motivacional por el que las necesidades básicas del niño le obligan a mantener una cercanía física con sus cuidadores para poder sobrevivir. Pero Bowlby no solo hablaba del carácter físico, sino de uno más emocional para poder desarrollar un apego seguro.

“Lo  que  por  motivos  de  conveniencia  denomino  teoría  del  apego  es  una  forma  de  conceptualizar  la  tendencia  de  los  seres  humanos  a  crear  fuertes  lazos  afectivos  con  determinadas  personas  en  particular  y  un  intento  de  explicar  la  amplia  variedad  de  formas de dolor emocional y trastornos de la personalidad, tales como la ansiedad, la ira, la depresión y el alejamiento emocional, que se producen como consecuencia de la separación indeseada y de la pérdida afectiva”.

John Bowlby (1977)

Al finalizar la II Guerra mundial (1945) la OMS realizó un estudio acerca de las necesidades que tenían los niños que se habían quedado sin familia, Bowlby se encargó de todos los aspectos que afectaban a la salud mental y ahí es cuando notó que existía una alteración en los niños que se habían quedado sin madre.

En 1951 publica su libro “Cuidados  maternos  y  salud  mental“  donde habla de los efectos perjudiciales de la deprivación materna y expone algunas medidas para prevenirlos.

PERO, ¿QUÉ ES EL APEGO?

El apego es un vínculo afectivo que establece el bebé con las personas que se ocupan de él, cubren sus necesidades básicas, le cuidan y le dan seguridad emocional, a estas personas se les llama figuras de apego. Estas figuras de apego constituyen una base segura para el bebé, le permiten alejarse para explorar el entorno y regresar a ella cuando lo necesiten.

El apego cumple dos funciones básicas:

  • Favorecer la supervivencia, ya que garantiza que se cubran las necesidades que el niño necesita para sobrevivir.
  • Generar seguridad, el niño crea una base segura a la que acudir cuando tiene alguna necesidad.

El apego consta de 4 fases:

  • Fase de pre- apego (0-6 semanas): Preferencia por los estímulos humanos y en especial por el rostro humano, reconocen el olor y la voz de la figura principal que le cuida, aunque no se puede hablar todavía de apego.
  • Fase de formación del apego (6 semanas- 6/8 meses): Preferencia por las personas que le son familiares, sin rechazar a los desconocidos. En esta fase aparece la sonrisa diferencial, vocalización diferencial, llanto diferencial e interrupción diferencial del llanto.
  • Fase del apego bien definido (6/8 – 18 meses): Muestran ansiedad de separación, que aparece cuando la figura de apego se aleja, esta está asociada al miedo a los extraños.
  • Fase de formación de una relación recíproca (a partir de los 18 meses): Representación interna del vínculo de apego, el niño puede entender y prever que su madre volverá después.

Ainsworth determinó que había tres tipos de apego: seguro, evasivo o evitativo, y ambivalente, después los investigadores Main y Solomon añadieron el desorganizado:

  • Apego seguro: El niño juega sin miedo mientras la figura de apego está con él, se muestra ansioso si esta sale de la habitación y muestra alegría cuando regresa.
  • Apego evasivo o evitativo: El niño hace poco caso a la figura de apego cuando está, no llora si se marcha, no se muestra inquieto ante los extraños y no la busca cuando regresa.
  • Apego ambivalente: El niño muestra angustia durante todo el procedimiento, sobre todo cuando no está presente y al volver mantiene su enfado.
  • Apego desorganizado: El niño tiene conductas confusas y contradictorias, además de ser inseguro y estar desorientado, evita a la figura de apego cuando está y se aleja de ella cuando aparece un extraño.

En este vídeo se puede ver parte del experimento de “La situación extraña”.