La disfemia, causas y pautas en el aula

La disfemia, más conocida como tartamudez, es un trastorno del habla, basada en alteraciones de la fluidez del lenguaje y que se caracteriza por la repetición de sonidos, sílabas o palabras, prolongaciones e interrupciones continuas en la comunicación debido a bloqueos motores, tiene su máximo desarrollo entre los 2 y 5 años.

Entre sus causas se encuentran:

  • Causas neurológicas: tienen características orgánicas específicas en el cerebro.
  • Causas psicológicas: el desarrollo lingüístico es vital en la edad temprana, al igual que el estado psicológico del niño, donde entran factores como el estrés, tensión prolongada, ansiedad, miedo, falta de autoestima, etc.
  • Causas hereditarias: según J. Sangorrín en su artículo sobre disfemia o tartamudez “Se admite la existencia de un factor genético de predisposición a desarrollar una tartamudez, aunque no se sabe hasta qué punto es determinante de la gravedad del trastorno ni de su posible cronificación”.
  • Causas sociales: conductas de las personas que se encuentran en su entorno más cercano, como pueden ser las burlas, la impaciencia, la presión social, etc.
  • Género: existe un porcentaje mayor de casos de disfemia en niños que en niñas, 4/1.

El niño con disfemia suele ser tímido, siente una gran incomodidad al hablar, y además le cuesta, muestra tensión corporal y le aterra hablar en determinados momentos por miedo a equivocarse o bloquearse, provocando de esa manera la repetición o prolongación de palabras, frases, sílabas o sonidos, mostrando cambios de intensidad y frecuencia en su voz y dificultad en su patrón respiratorio, acabando por no participar en clase para no ser objeto de burla ni sentirse nervioso o angustiado.

En el momento de la intervención se deberían tener en cuenta los siguientes puntos:

  • Mantener una charla con el grupo para explicarles lo que es la disfemia y en qué consiste, para que los compañeros empaticen y no surjan burlas o insultos.
  • Crear en el aula un ambiente de seguridad y confianza para que el alumno se sienta relajado y optimista para interaccionar con el docente y sus compañeros.
  • Escucharle atentamente hasta que finalice lo que quiera decir, sin presionarle o terminarle las frases.
  • Permitirle en todo momento que se exprese, creando en el aula un ambiente natural y tranquilo, normalizando la situación.
  • Mostrar interés en sus comentarios, sin corregirle ni hacer sugerencias.
  • Ofrecerle comprensión y apoyo desde una perspectiva afable y empática.
  • Diseñar actividades en grupo para que interaccione con sus compañeros.
  • Fomentar su participación en todos los eventos, sin obligarle o presionarle.
  • Como docentes, ser conscientes de las sensaciones que nos provoca la situación, aceptando cualquier emoción que pueda surgir.
  • Trabajar con el grupo las emociones para sensibilizarles ante los problemas ajenos.

Genio, talento y rendimiento escolar en los alumnos de AA.CC

El concepto de genio se define como una persona que posee ciertas habilidades en inteligencia y en creatividad, y que ha inventado algo trascendental para la humanidad.

Según una de las definiciones de la RAE, el genio tiene la capacidad mental extraordinaria para crear o inventar cosas nuevas y admirables.

El talento es una habilidad específica en un sector en particular, como pueden ser las matemáticas, el arte o la música, entre otros. Así, la persona talentosa despunta en uno de esos campos, destacando entre el resto de gente.

Según la RAE, la persona talentosa es la que tiene talento, ingenio, capacidad y entendimiento, y el talento es esa habilidad que posee esa persona inteligente o apta para determinada ocupación.

Definitivamente, genio y talento no significan lo mismo, mientras el genio disfruta de diferentes habilidades en relación a la inteligencia y la creatividad, el talentoso muestra habilidades sobre un área concreta.

Según la definición de Jiménez (2000), el rendimiento escolar es un “nivel de conocimientos demostrado en un área o materia comparado con la norma de edad y nivel académico”.

Los alumnos de altas capacidades que obtienen en la escuela un bajo rendimiento normalmente tienen detrás varios factores que les está llevando a ese nivel académico.

Algunos de ellos pueden ser:

  • Factores familiares como los conflictos entre los integrantes del conjunto familiar, un estilo permisivo o negligente por parte de los padres que les conlleve a tener bajas expectativas hacia el alumno.
  • Baja motivación en el aula, aburrimiento por el bajo nivel que le supone el temario.
  • Factores socioculturales y socioeconómicos que puedan desfavorecer al alumno.
  • Aislamiento social o presión de los iguales para ser como ellos.
  • Algún tipo de déficit o problema que aún no esté diagnosticado, como puede ser el TDAH, disincronías, TEA, DEA, etc.

Finalmente, muchos optan por abandonar su formación a causa de la frustración que les provoca las diferentes situaciones que vive en el centro escolar.

En este sentido, la escuela cobra una importancia fundamental para motivar a sus alumnos y despertarles un incesante interés en las clases, buscando nuevas metodologías y ayudándoles a que su rendimiento escolar sea el adecuado.

En relación a los alumnos de altas capacidades que obtienen en la escuela un alto rendimiento, sus características en comparación a los de bajo rendimiento son totalmente opuestas:

  • En el ámbito familiar están centrados en el alumno, este le ofrece un soporte emocional estable y mantienen buenas relaciones entre los diferentes componentes de la familia. Su estilo educativo suele ser democrático y asertivo, respetando las normas sin surgir conflictos que puedan llevar a la desestabilización.
  • Los factores socioculturales y socioeconómicos suelen ser favorables cara a su educación.
  • Son alumnos con una gran integración social, sin problemas con sus iguales.
  • Tienen un autoestima alto.

Además de estas características comunes y tan contrarias, los alumnos con un alto rendimiento gozan de una motivación tanto intrínseca como extrínseca, muestran iniciativa y son bastante autónomos en las tareas.

De igual manera los maestros deben fomentar todo su potencial e implicarse de manera activa en su proceso de aprendizaje.

Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (II)

En el anterior post hablaba sobre el concepto y las características del TDAH.

Causas

Actualmente no existe una determinada causa que dé lugar al TDAH, aunque se piensa que puede estar provocado por las siguientes causas o factores.

Biológica

Es aquella que presenta déficits de vitaminas, alergias, etc. Los efectos que se observan con este tipo de causa van empeorando con el tiempo, según van pasando de ciclo, es decir, las alergias, por ejemplo, siguen un ciclo estacional, en los que se va combinando. En cambio, hay otros signos que van cambiando en ciclos semanales, como es el caso del aprendizaje, y que suele disminuir o mejorar en los periodos de vacaciones, en los que el niño se siente más libre al no tener tantas obligaciones.

Dentro de los factores biológicos, se encuentran las siguientes causas:

Causa genética: Si el padre o la madre del niño han sufrido el TDAH, hay alrededor de un 75% de probabilidad de que el niño también lo tenga.

Trastorno cerebral: El TDAH da lugar a unas alteraciones de determinados neurotransmisores del cerebro, que son unas sustancias químicas responsables del envío de mensajes de las neuronas, como por ejemplo la sustancia denominada dopamina.

Causas prenatales: Si la madre durante el embarazo fuma, bebe alcohol, toma algún tipo de drogas, etc., el feto durante su desarrollo intrauterino tiene mayor probabilidad de padecer el trastorno de TDAH. También se destaca cuando el bebé nace con muy poco peso. En el parto puede haber inconvenientes graves que pueden dar lugar a lesiones cerebrales del bebé, sobre todo prefrontales, que son otra de las causas de la manifestación del TDAH.

Hipertiroidismo: Es producido cuando la glándula tiroides fabrica demasiadas hormonas llamadas “tiroides”. Es el factor que causa en los niños con TDAH, la hiperactividad, falta de atención y algunos síntomas de ansiedad.

Internas

Son aquellas que tienen lugar en el propio organismo del niño. Dentro de estas se encuentran:

Retraso del desarrollo motor: Se refiere a que el niño, al tener una conducta incontrolada, puede parecer torpe en ocasiones, respecto a sus habilidades manuales y motoras, ya que no sigue un patrón de conducta, siendo sus movimientos impulsivos y poco controlados. También presenta una escasa coordinación motriz.

Retraso madurativo: El niño presenta un retraso en su madurez respecto a su edad real. Debido a la hiperactividad, falta de atención, falta de adaptación al entorno escolar, familiar, etc., hace que el niño no tenga un aprovechamiento adecuado de su aprendizaje, provocando reacciones infantiles y poco reflexivas. También les cuesta llegar a la fase deinhibición de conductas en la que el niño llega a sentir vergüenza por temor a equivocarse, hacer el ridículo, etc.

Dificultad del lenguaje y aprendizaje: El niño tiene problemas para organizar los conocimientos y puede presentar dificultades en la escritura, lectura y el cálculo. Algunas veces se pueden dar casos de dislexia, se produce cuando el niño cambia el orden de las letras o sílabas dentro de las palabras, llegando a no reconocerlas. Este hecho provoca que el niño tenga problemas de memorización y aprendizaje, además de lectura y escritura. Estos niños se niegan a la realización de actividades que les supongan especial dificultad como la concentración y el esfuerzo, este hecho influye en su rendimiento académico. Encuentran grandes problemas en expresarse correctamente y tienen muchos errores gramaticales.

Externas

Alimentación: La ingesta de determinados alimentos con un mayor porcentaje de conservantes, aditivos y azúcares, entre otros, pueden manifestar un aumento de la hiperactividad.

Ambiental: Los síntomas se presentan más cuando el niño reside en un ambiente conflictivo, tanto familiar, escolar y social, ya que esto puede provocarle estrés, ansiedad y angustia. Debido a esto, puede mostrar una mayor agresividad, empeorar su comportamiento, más falta de atención, etc.

Subtipos de TDAH

La Asociación Americana de Psiquiatría (APA) considera al TDAH dentro del apartado de trastornos de desatención. Según la APA existen 3 subtipos de TDAH dependiendo del síntoma que predomine:

  • Tipo con predominio del déficit de atención: El niño debe presentar seis o más síntomas de desatención.
  • Tipo con predominio de la impulsividad-hiperactividad: El niño debe presentar seis o más síntomas de impulsividad-hiperactividad.
  • Tipo combinado: El niño debe presentar tanto síntomas de desatención como de impulsividad-hiperactividad.

Orientaciones para los padres

Deben reconocer el lado bueno de las cosas, reírse y ayudar al niño a descubrir el humor. Buscar una evaluación y tratamiento de profesionales. Ambos cónyuges tiene que implicarse y buscar apoyo en otros padres con niños con el mismo problema.

Es importante saber que el niño siempre vive el presente, (si el niño ha tenido un problema hace un rato, se quedará con el enfado). El niño tiene constante necesidad por las novedades, necesita realizar actividades físicas. Es frecuente que se frustren y tengan baja autoestima, al igual que se aíslen y se enfaden.

No solo se tiene que sentir apreciado, sino que es especial para su familia, los padres tienen que buscar lo mejor de su hijo y decírselo. Se deben utilizar mensajes positivos y enseñarle a que descubra cada aspecto bueno que tenga, deberán creer en él y comprender sus limitaciones. Incrementar el refuerzo positivo, ser pacientes y comprender que todos los niños tienen altibajos, y por el contrario, en los comportamientos inadecuados no se les prestará atención y se utilizará la técnica del «tiempo fuera».

Se deberá ayudar al niño a hacer las cosas paso a paso y a que las instrucciones sean comprendidas, por ello las normas serán claras y concisas (También se puede utilizar el sistema de puntos, sumando puntos en aquello que hace correctamente y restando en aquello que hace de forma incorrecta).

Son muy útiles las listas y horarios, con las rutinas los niños con TDAH se sienten más seguros y funcionan mejor. No tienen buena consciencia del tiempo, es práctico utilizar con ellos alarmas que le delimiten el tiempo. También usar rutinas en el estudio, premiándole con las buenas calificaciones.

No exponer al niño a situaciones competitivas ni regañarle a la hora de que tenga una dificultad para relacionarse con los demás. No se le deberá enseñar habilidades sociales en tiempo de mucho trabajo o estrés, sino cuando esté relajado y receptivo.

En vacaciones las rutinas deberán seguirse e involucrarle en los preparativos del viaje, hacer el equipaje, explicarle las visitas que se van a realizar, etc.

En el caso de tener hermanos sin TDAH también hay que buscar tiempo para ellos y hacer que compartan experiencias, que serán muy beneficiosas para el niño. Además, se les debe explicar el problema que tiene su hermano para que le ayude en todo lo que pueda.

Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (I)

Francisco de la Peña Olvera, psiquiatra infantil y maestro en ciencias médicas, define el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) como:

“Una disfunción cerebral mínima, hiperquinesia, trastorno hiperquinético, entre otros. El TDAH es una enfermedad crónica, de inicio en la infancia y que en la mayoría de las ocasiones persiste en la adolescencia y en la vida adulta, se caracteriza por una tríada sintomatológica: inatención, hiperactividad e impulsividad que producen deterioro en el funcionamiento familiar, académico, social o laboral”.

Barkley lo considera como “un trastorno del desarrollo caracterizado por unos niveles evolutivamente inapropiados de problemas atencionales, sobreactividad e impulsividad. Normalmente surgen ya en la primera infancia, son de naturaleza relativamente crónica y no pueden explicarse por ningún déficit neurológico importante ni por otros de tipo sensorial, motor o del habla, sin que tampoco se detecte retraso mental o trastornos emocionales graves.  Estas dificultades guardan una gran relación con una dificultad para seguir las conductas gobernadas por reglas y con problemas para mantener una forma de trabajo consistente a lo largo de períodos de tiempo más o menos largos”.

La primera vez que se habló sobre este trastorno fue en 1902, los médicos de aquella época diagnosticaron de síndrome post-encefálico a unos niños con carácter movido y falta de concentración, pero a la larga fue un diagnóstico fallido puesto que nunca habían tenido encefalitis.

En los años 60 apareció Leon Eisenberg, quien llamó al mismo trastorno “reacción hipercinética de la infancia” y estudió a varios alumnos, probando diferentes psicofármacos con estos, el metilfenidato entre ellos, que es el que actualmente prevalece como tratamiento para el TDAH. Años después este trastorno se incluyó en el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM) y desde entonces forma parte de él, cambiando su nombre por Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad.

Es usual encontrarse con puntos de vista contrarios, uno de ellos “biologicista”, que define al TDAH como un trastorno cerebral de origen biológico, con factores genéticos con predominio ambiental y por otro lado, está el punto de vista “psicologicista”, que consideraría al TDAH una variante psicológica del desarrollo marcado por factores sociales y no tanto como un trastorno. (Terán 2012).

Los niños con TDAH se diferencian por tener las siguientes particularidades: son despistados, les cuesta mantener la atención o centrarse en algo específico o que dure mucho tiempo, tienen dificultad para seguir las normas o esperar los turnos, interrumpen continuamente a sus iguales, alejándose de los entornos sociales debido a que les supone un esfuerzo importante permanecer en grupo. Los síntomas pueden variar con la edad, de pequeños tienen una inmensa actividad motora y problemas para controlarla, que cuando se consigue, el niño entra en un estado de intranquilidad y nerviosismo.

Debido al efecto que tiene este trastorno a nivel educativo: fracaso escolar y entorpecimiento de las clases (donde los afectados son tanto los compañeros como él mismo), se ha hecho eco de diversos estudios para poder estudiar y comprender las causas que lo originan. Investigaciones recientes aseguran que hay un incremento notable en el porcentaje de niños con TDAH, estando un 5% de ellos en edad escolar. Este trastorno está considerado uno de los más comunes en la infancia junto a la dislexia. Normalmente es más frecuente en niños que en niñas (cinco niños por cada niña), aunque suele ser más difícil observar estos comportamientos en las niñas.

No suele diagnosticarse TDAH hasta que el niño entra en el segundo ciclo, a los seis años, aunque los síntomas estén presentes anteriormente, por eso sería importante una pronta intervención temprana en la escuela y así, poder trabajar con el niño, compensando sus dificultades. La intervención que se les hace en el ambiente educativo es únicamente a los niños diagnosticados, dejando a un lado a los que, aun sin estarlo, presentan los síntomas.

Los docentes tienen que formarse adecuadamente para ofrecer una intervención apropiada a los alumnos con TDAH. Estos deben creer en las posibilidades del niño, buscando diferentes alternativas que se ajusten a sus necesidades para que pueda desarrollarse cognitiva y socialmente. También debemos conocer la sintomatología que conlleva este trastorno y saber distinguir entre un niño inquieto, con ansiedad o estrés y uno con TDAH, además de presentar las adaptaciones curriculares que fueran necesarias.

Características

El niño con TDAH no tiene un comportamiento extraño durante la infancia. Suelen tener dificultad para controlar sus acciones delante de otros niños, por lo que es mucho más fácil controlarlas cuando están solos.

Las características principales según la Federación Española de Asociaciones de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad (FEAADAH) son:

  • Atención: Son caracterizados por la falta de atención, de manera que se distraen con mucha facilidad. Estos niños no son capaces de seguir unas normas y por lo tanto tampoco pueden organizarse. Suelen evitar situaciones complejas para ellos que requieran una gran actividad mental.
  • Impulsividad: Actúan inmediatamente, sin pensar en las consecuencias que puede conllevar esa acción. Son incapaces de controlar sus impulsos. Suelen romper las cosas con mucha facilidad e interrumpen constantemente. Normalmente suelen estar de mal humor.
  • Hiperactividad: Presentan una actividad incontrolada, de manera que hablan demasiado, no guardan los turnos, a menudo mueven en exceso las manos y los pies, y por lo tanto, les cuesta estar sentados.

Estas características se pueden dar en otros ámbitos conductuales como el comportamiento, el aprendizaje y la obediencia de normas:

  • Comportamiento: Tienen comportamientos inadecuados e inmaduros para su edad, con lo cual pueden mostrarse violentos o agresivos.
  • Aprendizaje: Tienen dificultades en la capacidad para procesar la información que reciben, así como problemas de memorización y dificultades perceptivas, por ello la mayoría tiene un rendimiento escolar más bajo de lo normal.
  • Disciplina: No cumplen las normas, de manera que hacen lo contrario de lo que se les pide, por ello son impacientes y no son capaces de guardar el turno. Todo esto conlleva un déficit en la conducta.

A todas estas características hay que sumarle el alto grado de frustración que les produce no poder realizar la tareas con las misma rapidez que sus iguales, lo que produce la queja por parte de los profesores y el rechazo inmediato de sus compañeros, de manera que se canaliza en una baja autoestima, depresión e incluso ansiedad y en algunos casos trastornos.

En este post seguiré hablando acerca de las causas y los subtipos del TDAH.

El juego simbólico y sus beneficios

El juego es, en general, cualquier actividad lúdica en la cual el niño se divierte; el juego simbólico es un tipo de juego donde predominan los símbolos o la función simbólica. Es decir, los objetos que se usan tienen un significado extra, se transforman para simbolizar otros objetos que no están presentes en el momento del juego, por ejemplo, una pala de pádel puede hacer de sartén.

Pero no solo entran en juego los objetos, sino los niños y las conductas, la representación de sus actos puede estar transformada por el juego en sí mismo. Lo real pasa a ser pura fantasía. Un niño coge un plátano y hace una llamada telefónica con él a su madre, la vivencia es real, aunque imaginaria, incluso mantiene una conversación con ella.

Este juego tiene tal relevancia que el niño es capaz de volcar en él sus sentimientos o experiencias, y mostrar sus emociones sin pensar en que pueda ser reñido, por lo que es un factor importante para el docente, ya que puede observar conductas que se intuyan como “no normales”. Por ejemplo, un niño que está cuidando a un bebé y comienza a darle de comer despacio, pero de pronto le grita, le echa la comida por encima y termina pegándole.

Todo en nuestros alumnos es observable, solo hay que estar pendiente de cada uno de ellos.

También permite el acercamiento social, comienzan a jugar paralelamente y se inician las habilidades sociales, las actividades senso-motoras se subordinan a la representación e imitación, llevándoles a un enriquecimiento lingüístico y a un desarrollo cognitivo.

Evoca situaciones, personas y objetos que no están presentes en el momento del juego y esto hace que su pensamiento se haga más complejo, simulando situaciones que ya han ocurrido y planteando estrategias de resolución.

Los recursos materiales usados en el juego simbólico son claros mediadores mediante los cuales los pequeños pueden expresar sus sentimientos, crean sus propias representaciones mentales según sus vivencias, desarrollan diferentes roles y les ayuda a potenciar su imaginación y creatividad.

Estos deben ser simples y de la vida diaria, ya que cualquier tipo de objeto cotidiano es válido para representar este juego, al igual que los propios juguetes, ya que los utilizan para otro fin. Los docentes les ofrecerán materiales que logren estimular su desarrollo integral y obviamente, que sean seguros y atractivos para que nazca en ellos su curiosidad innata.

El juego simbólico es un juego muy presente en las escuelas infantiles ya que contribuye a la formación y la maduración del niño, al igual que el cesto de los tesoros y el juego heurístico en los años anteriores.

Este juego comienza alrededor de los dos años, coincidiendo con su andadura lingüística, como he comentado anteriormente tiene una gran cantidad de beneficios en el niño, entre ellos:

  • Potencia la creatividad, la curiosidad y la imaginación.
  • Fomenta el desarrollo cognitivo y emocional.
  • Adquiere nuevo vocabulario según va recreando nuevos escenarios.
  • Favorece las habilidades sociales, la empatía o la colaboración.
  • Ayuda a manifestar sus propios sentimientos y emociones, sus miedos, su tristeza, su alegría, etc.
  • Estimula la estructuración del pensamiento y la función simbólica.
  • Fomenta la autoestima y la autoconfianza.
  • Favorece el aprendizaje acerca del entorno en el cual vive.

El juego heurístico y su práctica

El término “heurístico” proviene la palabra griega “heurisko” que significa investigar o descubrir por sí mismo.

El juego heurístico es una actividad en la cual los niños juegan de forma libre con los objetos expuestos, pudiendo combinarlos de la manera que ellos prefieran, de esta manera vivencian la manipulación, exploran y descubren sus características, y poco a poco van adquiriendo nociones de textura, volumen, peso, color, etc. ayudándoles a clasificarlos.

Esta continuidad del “cesto de los tesoros” fue creado por Elinor Goldschmied en 1981 y va dirigido a niños entre los 12 y 24 meses, siendo un gran recurso en las escuelas infantiles.

Según el Oxford Dictionary el aprendizaje heurístico es “un sistema de educación en el que al alumno se le enseña a descubrir por sí mismo las cosas”.

La duración de esta actividad está sujeta a los ritmos de la escuela, que suele rondar los 30-45 minutos, pero si lo realizas en casa junto a tu peque puedes ampliarlo a una hora, una o dos veces por semana.

 Se trata de un juego libre, por lo que el educador no dirige la actividad del niño, a no ser que surja algún tipo de problema en el aula, como que un niño moleste a otro o ambos quieran el mismo objeto.

Esto permitirá que cada niño aprenda a su ritmo, investigando acerca de las diferentes posibilidades de asociación que tienen los objetos entre sí, promoviendo aspectos como la coordinación visomotriz y la curiosidad innata que le llevará finalmente al aprendizaje.

El juego heurístico favorece la autonomía del niño y la concentración, fomenta su capacidad cognitiva ya que poco a poco va percibiendo la relación de causa-efecto y las cualidades de cada objeto, discriminándolos y categorizándolos en grupos.

A través del reconocimiento y la comparación van desarrollando el razonamiento y el pensamiento lógico matemático, estructurando con el tiempo el pensamiento y el lenguaje.

Como el niño utiliza todo su cuerpo, desarrolla el equilibrio estático y dinámico y aumenta su coordinación motora fina y gruesa.

Su desarrollo motor y sensorial es potenciado por la interacción que tiene con los objetos a través de su cuerpo, de sus acciones y sus sentidos.

Por lo que puedes observar, es muy beneficioso en muchos aspectos, de ahí la importancia que tiene en las escuelas.

Es un juego individual y en paralelo, lo que significa que cada niño jugará a su manera centrándose únicamente en los objetos que tiene delante, aunque con el paso del tiempo es posible que observe a los demás e imite lo que hacen.

Los niños con algún tipo de discapacidad serán ayudados en base a sus necesidades pero intentando interferir lo menos posible en el juego.

El desarrollo del juego heurístico se compone de tres fases:

  • Preparación, donde el educador prepara el juego y distribuye los materiales, colocándolos en 4-5 focos con una distancia amplia entre uno y otro.
  • Exploración, los niños exploran e interaccionan con los diferentes objetos, recalco de nuevo que es un juego libre.
  • Recogida, los niños clasifican los objetos en las bolsas, esta parte del juego es importante en su aprendizaje, ya que les ayuda a organizar y estructurar su pensamiento.

El espacio debe estar libre de estímulos para que no interfieran en el juego, solo pueden encontrarse en el suelo los objetos del juego heurístico.

¿Cuáles son los objetos idóneos para los niños?

En relación a esto hay multitud de objetos que puedes utilizar, normalmente en cada sesión se emplean 3 o 4 categorías, así que puedes ir alternándolas según las características de tu grupo, algunos de estos objetos son:

Tapones de corcho, anillas de cortina, cucharas, pinzas de la ropa, coladores, botes de leche en polvo o cola cao, tapas, pinceles, juegos de llaves, cajas de cartón, coladores de té, tubos de cartón, brochas de maquillaje, bolsas de tela, cestos de mimbre, pelotas de tenis, cajas de metal, bigudíes, telas, bolas de lana, etc.