Principales riesgos laborales del docente

Comencemos por definir “riesgo laboral” como la posibilidad de que una persona pueda sufrir un accidente o daño en su puesto de trabajo.

Trabajar en educación infantil puede conllevar riegos para la salud del docente, como en cualquier otro trabajo, siempre resulta beneficioso identificar los elementos que influyen, como pueden ser los aspectos técnicos, psicológicos, sociales, económicos, etc.

Para poder prevenir dichos riesgos hay que adaptarse a nuevos hábitos o actuaciones que puedan evitar un accidente de trabajo, una enfermedad profesional o cualquier tipo de problema de salud, como el estrés laboral o la fatiga mental.

La Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales manifiesta el propósito de conseguir “la promoción de la mejora de las condiciones de trabajo para elevar el nivel de protección de la salud y la seguridad de los trabajadores,… en base a los principios de eficacia, coordinación y participación”, dando a conocer las obligaciones o derechos de cada profesional.

Los centros docentes deben crear su propio Plan de Prevención, en el cual indiquen los riesgos que puede haber en relación con cada puesto de trabajo, señalando los medios o soluciones existentes por si hubiera un accidente, eliminando los riesgos fácilmente desechables y evaluando los que sean más difíciles de eliminar.

En un sentido práctico, el centro debería promover una formación específica en materia preventiva para cada puesto de trabajo, tanto al comienzo de la contratación, como a lo largo de esta si existen cambios en algún aspecto del trabajo.

En un centro de educación infantil los riesgos que pueden aparecer según su manifestación son:

  • Riesgos biológicos, como infecciones por virus, bacterias, hongos, parásitos, etc. El contacto directo suele ser la principal vía de contagio, de ahí la importancia del uso de guantes al realizar los cambios, por ejemplo.
  • Riesgos psicosociales derivados de la propia organización del centro, como puede ser la escasa promoción del docente, exigencias y exceso de responsabilidad, falta de autonomía y recursos para el buen desarrollo del día a día, elevada ratio y falta de apoyo, conflictos con los compañeros o las familias, acoso laboral, entre otros, y que derivan en estrés, ansiedad, fatiga mental, distrés, síndrome burnout, etc.
  • Riesgos físicos que afectan a las condiciones en las que estén las aulas, con exceso o falta de iluminación, sobre todo el abuso de luz artificial, ruido permanente a causa de otras aulas o de la calle, mala temperatura (tanto en el aula como en el resto del centro), obras continuas, etc.
  • Riesgos químicos por estar en contacto con sustancias nocivas o tóxicas en el comedor o los baños.
  • Riesgos ergonómicos con los que al cabo del tiempo aparecen ciertos trastornos, como los musculoesqueléticos (TME), cargas, posturas forzadas y movimientos repetitivos hacen que se produzcan daños (sobre todo de espalda) o restricciones en la movilidad.
  • Riesgo foniátrico, caracterizado por la necesidad de hablar y que repercute en la voz, el instrumento de trabajo de un docente con niños de 0-6 años inevitablemente es su voz, y si le añades situaciones como inadecuada temperatura, exceso de ruido o nula ventilación, al cabo del tiempo puede derivar en ciertas patologías como son la fatiga vocal, nódulos, pólipos, etc.
  • Otro tipo de riesgos pueden ser los originados con sistemas o dispositivos eléctricos o electrónicos en mal estado, como las pizarras digitales, portátiles; cortes con maquinaria o herramientas del centro; caídas de cualquier índole, bien sea por tropiezo con algún objeto o juguete, como por la subida o bajada de escaleras; golpes contra mesas u otros objetos, o con un alumno que corre por el pasillo; incendios, etc.

Por todo ello el docente, siempre bajo la supervisión de la dirección del centro, debe prevenir, en cierta medida, cualquier riesgo que pueda ocasionarle un perjuicio en su salud, intentando minimizar al máximo los daños.

Intervención con alumnos con TDAH

Es necesario saber que en la etapa infantil de 0 a 6 años los niños son muy inquietos, tienen atención selectiva y no son capaces de centrarse en un aspecto durante mucho tiempo, se encuentran en pleno desarrollo, es por eso por lo que se diagnostica a partir de los 7 años. Si se detecta en el aula de infantil un niño con TDAH, lo que se va a intentar es modificar, controlar y hacer desaparecer la conducta.

Intervenciones más frecuentes

“El enfoque terapéutico cognitivo-conductual ha demostrado ser la herramienta más eficaz que disponemos para reducir los comportamientos perturbadores de los niños con TDAH y aumentar los comportamientos autocontrolados”.

Soutullo y Díez, 2007

Para utilizarlo, hay que hacer partícipe a las personas encargadas de la educación del niño.

Aspectos que se trabajan con estas técnicas:

  • Desarrollo y orientación personal.
  • Resolución de conflictos.
  • Entrenamiento en auto-instrucciones.
  • Organización y planificación de la conducta en función de objetivos y metas.
  • Autorregulación emocional.
  • Entrenamiento en habilidades y estrategias internas.

Programas cognitivos-conductuales

Entrenamiento en solución de problemas

Se basa en adquirir el autocontrol a través del pensamiento secuencial apoyándose en actividades sencillas, sociales e interpersonales. Su entrenamiento se desarrolla en cuatro fases (Urueta, 2003):

  • Fase 1: Reconocimiento del problema. Se les enseña a los niños a entender cuáles son las señales que hacen aparecer un problema.
  • Fase 2: Análisis del problema. Los niños deben explicar los orígenes del problema a través del análisis y el diálogo.
  • Fase 3: Formular soluciones alternativas y valorar sus consecuencias. Los niños elaborarán diversas soluciones para seleccionar la mejor.
  • Fase 4: Pensamiento Medios Fines. Se les ayuda a expresar sus propios sentimientos, a empatizar con los demás y respetarlos, a colaborar con sus semejantes y los adultos, etc.

Entrenamiento autoinstruccional

Con esta técnica se fomenta el uso del lenguaje en la autorregulación del comportamiento para solucionar los problemas. El niño realiza actividades sencillas para que se habitúe a pensar en lo que dice. Poco a poco se va aumentando su aplicación a diversas situaciones: personales, sociales, etc. Esta técnica es muy útil para cambiar la conducta del niño mediante sus propias sugerencias, guiando así, su propia conducta.

Entrenamiento de inoculación de estrés

Esta técnica ayuda a los niños a manejar situaciones que les provoca estrés para que puedan autocontrolarse, de esta manera podrán relajarse y usar estrategias adaptativas para su vida diaria.

Modelado participativo

Esta técnica se basa en el aprendizaje observacional y el profesor ejerce de estímulo provocando así conductas o pensamientos en los niños, sirviendo tanto para adquirir conductas o habilidades como para inhibir o desinhibir conductas determinadas.

Utilización de contingencias

Con esta técnica se controlan los factores ambiente partícipes en las alteraciones del trastorno, favoreciendo los procedimientos cognoscitivos que provocan las conductas y estrategias alternativas.

Costo de respuesta

El niño pierde un privilegio a causa de una conducta inadecuada, se le quita en el mismo momento de realizarla para así conseguir que reduzca ese comportamiento. Esta técnica es muy eficaz como retroalimentación negativa para los niños que muestran este tipo de trastornos.

Economía de fichas

Es utilizada para fomentar la conducta esperada por el docente a través de los reforzamientos.

Krasner (1971, citado en Trull 2003) señala tres razones para el uso de este procedimiento:

“a) debe haber una especificación clara y cuidadosa de los comportamientos deseables que se reforzarán;

b) debe establecerse un reforzador definido con claridad (por ejemplo fichas de plástico, tarjetas o monedas);

y c) se fijan reforzadores de respaldo. Estos pueden ser privilegios especiales u otras cosas deseadas por el paciente”.

Retroalimentación

Es un reforzador condicionado que hace referencia al conocimiento de los resultados de la propia ejecución y no siempre incluye eventos adicionales que pudieran ser reforzantes por mérito propio”. (Kazdin, 2000)

Reforzadores sociales

Se aplican fácilmente en la vida diaria del niño y en un sinfín de situaciones, se incluyen las caricias, el afecto, las palabras amables y de aprobación, las sonrisas, etc. Este refuerzo debe obtenerlo el niño con su buen comportamiento.

Reforzador positivo

Gracias a esta técnica, en el niño aumentan las conductas deseadas por el docente. Al niño se le ofrece un refuerzo positivo si su comportamiento es el adecuado.

Técnica de la Tortuga

Esta técnica se usa con todo el grupo y se cuenta la historia de una tortuga, la cual tiene una conducta similar al niño con TDAH. Es muy útil, ya que se hace partícipe a toda la clase para poder ayudar al niño en cuestión.

Es necesario ser constante y no decaer. Según Barkley, antes de decidir que un programa de modificación de conducta no funciona debe ponerse a prueba, al menos, durante dos semanas.

Barkley, 2001

Cuento de la tortuga


En una época muy remota vivía una tortuga joven y elegante. Tenía (x) años de edad y justo entonces acababa de empezar (X) curso. Se llamaba Tortuguita.
A Tortuguita no le gustaba ir al colegio. Prefería estar en casa con su madre y su hermanito. No quería estudiar ni aprender nada de nada; sólo le gustaba correr y jugar con sus amigos o pasar las horas muertas viendo la televisión. Le parecía horrible tener que hacer cuentas y más cuentas; y aquellos horribles problemas de matemáticas que nunca entendía. Odiaba con toda el alma leer y lo hacía bastante mal y era incapaz de acordarse de apuntar los deberes que le mandaban. Tampoco se acordaba nunca de llevar los libros al colegio.
En clase, jamás escuchaba a la profesora y se pasaba el rato haciendo ruidos que volvían locos a todos. Cuando se aburría, y sucedía muy a menudo, interrumpía la clase chillando o diciendo tonterías que hacían reír a todos. En ocasiones, intentaba trabajar pero lo hacía rápido para terminar cuanto antes y se volvía loca de rabia cuando, al final, le decían que lo había hecho mal.
Cuando esto sucedía arrugaba las hojas o las rompía en mil pedazos. Así transcurrían los días.
Cada mañana, camino del colegio, se decía a sí misma que iba a esforzarse todo lo posible para que no la castigasen en todo el día. Pero, al final, siempre acababa metida en algún lío. Casi siempre se enfurecía con alguien y se peleaba constantemente, aunque sólo fuera porque creía que el que le había empujado en la cola lo había hecho a propósito. Se encontraba siempre metida en dificultades y empezó a estar harta del colegio. Además, una idea empezó a rondarle por la cabeza; «soy una tortuga muy mala», se decía. Estuvo pensando esto mucho tiempo sintiéndose mal, muy mal.
Un día, cuando se sentía más triste y desanimada que nunca, se encontró con la tortuga más grande y más vieja de la ciudad. Era una tortuga sabia, tenía por lo menos 100 años y su tamaño era enorme. La tortuga sabia se acercó a Tortuguita y le preguntó qué le ocurría. Tortuguita tardó en responder impresionada por semejante tamaño. Pero la vieja tortuga era tan bondadosa como grande y estaba deseosa de ayudarla. «¡Hola!», dijo con
voz inmensa y rugiente, «voy a contarte un Secreto. ¿No comprendes que llevas sobre ti la solución para los problemas que te agobian?»
Tortuguita no sabía de qué le estaba hablando. « ¡Tu caparazón, tu caparazón!», exclamó la tortuga sabia, « ¡para eso tienes una coraza! Puedes esconderte en su interior siempre que te des cuenta de que lo que estás haciendo o diciendo te da rabia. Entonces, cuando te encuentres dentro de tu concha dispondrás de un momento de tranquilidad para estudiar tu problema y buscar la mejor solución. Así que, ya lo sabes, la próxima vez que te irrites, métete inmediatamente en tu caparazón».
A Tortuguita le gustó la idea y estaba impaciente por probar su nuevo secreto en el colegio.
Llegó el día siguiente y, de nuevo, Tortuguita cometió un error que estropeó su hoja de papel blanco y reluciente, empezó a experimentar otra vez sentimientos de furia y rabia, y cuando estaba a punto de perder la paciencia y arrugar la hoja, se acordó de lo que le había dicho la vieja tortuga. Rápida como el rayo, encogió sus brazos, piernas y cabeza, apretándolas contra su cuerpo, deslizándose hacia el interior de su caparazón. Permaneció así hasta que tuvo tiempo de pensar qué era lo mejor que podía hacer para resolver su problema con la hoja. Fue estupendo para ella encontrarse allí tan tranquila y confortable dentro de su concha donde nadie podía molestarla.
Cuando por fin salió de su concha, se quedó sorprendida al ver que su profesora le miraba sonriente. Tortuguita explicó que se había puesto furiosa porque había cometido un error. La profesora le dijo que estaba orgullosa de ella porque había sabido controlarse. Luego, entre las dos, resolvieron el fallo de la hoja. Parecía increíble que con una goma y borrando con cuidado, la hoja pudiera volver a quedar limpia.
Tortuguita continuó aplicando su secreto mágico cada vez que tenía problemas, incluso en el recreo. Pronto, todos los niños que habían dejado de jugar con ella por su mal carácter, descubrieron que ya no se enfurruñaba cuando perdía en un juego ni pegaba a todo el mundo por cualquier motivo. Al final de curso, Tortuguita aprobó todo y jamás le faltaron amigos.

La necesidad de una revolución educativa

Nadie podría contradecir lo que se decía en el programa de “Redes”, el actual sistema educativo está tan obsoleto que nuestros niños y adolescentes se aburren en las aulas, provocando un alto índice de fracaso escolar.

El papel del maestro, aunque con el paso de los años ha cambiado ligeramente, sigue estando muy ligado a la explicación de un temario y la evaluación de unos ítems para su calificación final, aunque se puedan evaluar otras destrezas.

Me planteo las siguientes preguntas, ¿por qué en los colegios se dan unas materias y no otras? ¿Por qué prevalecen materias que a la mayoría de los alumnos no les motivan? Como bien decía Sir Ken Robinson, existe una jerarquía por motivos económicos, siempre sale más rentable que el niño estudie una ingeniería que danza clásica, por ejemplo, pero por supuesto, sale perjudicada siempre la felicidad, porque quizá ese niño no quería ser ingeniero.

Creo que debemos anteponer nuestros propios intereses, nuestros sueños e ilusiones, y su consecución debe comenzar en el colegio, aprender lo que verdaderamente te gusta y te motiva. ¿Qué pasaría si, desde los coles, se fomentasen las clases de cocina, de piano o de teatro? ¿Y si los niños en vez de aprenderse de memoria los ríos usaran las TIC en forma de juego para su mejor aprendizaje de asignaturas como sociales, naturales, etc.?

En ningún caso digo de eliminar ciertos temarios importantes, sino de aprenderlos de manera más lúdica y eficaz, que los niños aprendan a través de juegos, motivados a jugar y aprender, a la vez que se incorporan al currículo más diversidad de materias como por ejemplo:

  • El ajedrez, tiene múltiples beneficios como el desarrollo de la inteligencia, la abstracción y la memoria, entre otros.
  • La filosofía, para fomentar el pensamiento y el razonamiento, la decisión y el análisis de sus propias conclusiones.
  • Las diferentes disciplinas artísticas como pueden ser la danza, la escultura, la pintura, el teatro, etc.

Es importante que se creen asignaturas orientadas a las nuevas tecnologías y la robótica, ya que el ámbito laboral nos lleva en esa dirección, y que se estudien desde infantil, tanto en centros públicos, concertados y privados. Además, los niños están más que acostumbrados a las TIC, y son verdaderos expertos desde muy pequeños.

Por otro lado, al aburrirse en clase, el niño deja de atender o molesta a sus compañeros, y es entonces cuando se le diagnostica TDAH, ¿por qué? Porque su potencial se ve sumido en una gran frustración al no poder hacer nada más que escuchar la explicación del docente, otro motivo más por el cual es necesario cambiar el sistema educativo. Los niños con altas capacidades también se ven frenados en su aprendizaje por su mala identificación, llegando igualmente a la frustración y fracaso escolar.

El docente, reprimido en muchos aspectos, debe cumplir las metas y objetivos que le marca el currículo y eso, en ocasiones, deriva en una falta de motivación y disfrute de su trabajo.

¿Qué hay que hacer para conseguir un cambio educativo? ¿Qué más motivos hacen falta? ¿Por qué continuamos con este sistema caduco que repele casi la totalidad de estudiantes y docentes?

Me imagino todo lo que podemos llegar a hacer en la educación si verdaderamente somos capaces de convertirla en un espacio de cooperación, inclusión y equidad, sería como una revolución educativa donde el docente desempeña su papel de orientador en el proceso de enseñanza-aprendizaje del alumno, y este verdaderamente consigue desarrollarse en toda su plenitud a nivel social, cognitivo, físico, etc.

El nuevo enfoque vendría de la mano de nuevas metodologías docentes que nos ayudaran a conseguir la motivación en nuestros alumnos, a través de estrategias y recursos novedosos, la implementación de las TIC en todas las aulas y la creación de nuevos espacios para la creatividad.

Es cierto que, echando la vista atrás, hemos mejorado mucho en educación, pero estamos en un momento de estancamiento donde la única vía posible es mirar hacia delante y renovarnos de cara al futuro, ofreciendo a nuestros alumnos una mejora educativa, para que puedan aprender de una manera más eficaz.

Con el paso de los años el papel del docente ha cambiado, se ha humanizado en cierto sentido, y ha pasado de ser una persona autoritaria e impositiva a ser una persona democrática, innovadora y comprometida con su trabajo y sus alumnos.

Asimismo, el alumno ha tomado el rol, no solo de escuchar al docente, sino de interactuar, participar y expresar sus pensamientos, algo totalmente impensable en el enfoque tradicional.

Tenemos una escuela alegre, llena de entusiasmo por crecer, que lo único que necesita es un enfoque diferente para impulsar a nuestros alumnos hacia un aprendizaje seguro que les motive a crecer como personas, a creer en sí mismos y a empatizar y creer en los demás.

Y debe empezar por nosotros, por nuestra formación, nuestra mentalidad y nuestra motivación por crear una educación mejor.