Conductas en el acoso escolar

En el anterior post hablé sobre la definición del acoso escolar y sus diferentes términos, ahora toca detallar las conductas que suele tener el acosador.

Algunas de las conductas más comunes son las siguientes:

  • Maltrato Verbal: Insultos, difamaciones, rumores, mensajes telefónicos, correos electrónicos o comentarios en redes sociales, etc.
  • Intimidaciones Psicológicas: Amenazas para sembrar el miedo en la víctima, conseguir algo (como dinero) o realizar cosas en contra de su voluntad. Esto se hace a través del chantaje, notas, burlas públicas, comentarios en redes sociales, etc.
  • Maltrato Físico: Golpes, lesiones con objetos, patadas, empujones, collejas, robo o rotura de objetos personales, etc.
  • Aislamiento o Exclusión Social: Coacción a los compañeros o amigos de la víctima para que le ignoren, evitar que los demás realicen los trabajos grupales con ella, etc.

Ortega, R. (2001) define cinco categorías que se dan en el caso de violencia y agresividad en los centros:

  • Vandalismo o violencia contra las pertenencias del centro.
  • Disruptividad o violencia contra las tareas escolares.
  • Indisciplina o violencia contra las normas del centro.
  • Violencia interpersonal.
  • Violencia potencialmente criminal, que puede convertirse en criminalidad cuando las acciones tienen, o pueden tener, consecuencias penales.

Iñaki Piñuel y Araceli Oñate, investigadores españoles y autores del estudio Cisneros, han querido ser más precisos y han descrito hasta 8 modalidades de acoso en las que se observa una mayor incidencia de los niños con respecto a las niñas, excepto en la dimensión Bloqueo Social (Piñuel, I. y Oñate, A. 2007):

  • Bloqueo Social.
  • Hostigamiento.
  • Manipulación.
  • Coacciones.
  • Exclusión Social.
  • Intimidación.
  • Amenazas a la Integridad Física.
  • Agresiones.

En el Informe Cisneros X, se habla de 25 comportamientos característicos del acoso escolar:

  • Llamarle con motes.
  • No hablarle.
  • Reírse de él cuando se equivoca.
  • Insultarle
  • Acusarle de cosas que no ha dicho o no ha hecho.
  • Contar mentiras sobre él.
  • Meterse con él por su forma de ser.
  • Burlarse de su apariencia física.
  • No dejarle jugar con el grupo.
  • Hacer gestos de burla o desprecio.
  • Chillarle o gritarle.
  • Criticarle por todo lo que hace.
  • Imitarle para burlarse.
  • Odiarle sin razón.
  • Cambiar el significado de lo que dice.
  • Pegarle collejas, puñetazos y patadas.
  • No dejarle hablar.
  • Esconderle cosas.
  • Ponerle en ridículo ante los demás.
  • Tenerle manía.
  • Meterse con él para hacerle llorar.
  • Decir a otros que no estén con él o que no le hablen.
  • Meterse con él por su forma de hablar.
  • Meterse con él por ser diferente.
  • Robar sus cosas.

Otras dos formas de acoso serían el Bullying racista y homo-fóbico, y el cyberacoso.

El acoso escolar se puede confundir perfectamente con la violencia, pero existen algunas diferencias entre ambas:

  • Temporalidad: No se trata de un hecho aislado, sino que se produce de forma repetitiva y continuada.
  • Desigualdad de poder entre el agresor y su víctima, que permanece indefensa sin hacer frente al ataque.
  • Existen observadores que presencian la agresión y no intervienen.
  • Se dan una gran variedad de conductas violentas.

Tanto los docentes como los familiares deben conocer exactamente qué es el acoso escolar y saber diferenciarlo de lo que no lo es, para poder seguir el protocolo establecido en el centro. El estudio, prevención, evaluación e intervención requiere que sea enmarcado en el contexto individual y social de cada niño, así obtendremos una mayor efectividad para actuar en consecuencia y sobre sus distintas variantes.

El acoso escolar en el aula

El acoso escolar es un fenómeno en el que un niño o varios niños ejercen maltrato físico y/o psicológico de forma intencionada, repetitiva y prolongada hacia otro niño con la finalidad de dominarlo, asustarlo o hacerle daño para satisfacer su propia necesidad, que puede ser la mera agresión o desmoronar al compañero.

Esto provoca que el niño agredido sea excluido y aislado socialmente poco a poco y se tambalee su estabilidad mental o psicológica.

Se usan diferentes términos para definir el acoso escolar:

  • Bullying.
  • Violencia o maltrato escolar.
  • Mobbing escolar.
  • Matonismo escolar.

El término inglés bullying es aceptado internacionalmente y no existe una palabra en castellano que lo defina literalmente. En este caso se utiliza intimidación, maltrato, acoso y abuso. Según esto, podemos decir que se trata del poder que unos alumnos ejercen sobre otros en determinadas etapas educativas, y que produce una victimización psicológica (Joseph Toro Trallero, Profesor Titular de Psiquiatría Universidad de Barcelona).

En España, el término mobbing se usa para denominar el acoso laboral; mientras que bullying hace referencia a la violencia o la intimidación de tipo físico. El matonismo, según la RAE, es la conducta de quien quiere imponer su voluntad por la amenaza o el terror, pero el término más empleado es el de acoso escolar.

Estas son algunas de las definiciones que se dan sobre el acoso escolar:

Hace más de 20 años el noruego Olweus (1983) definió el maltrato entre iguales como una conducta de persecución física y/o psicológica que realiza un alumno contra otro, al que escoge como víctima de repetidos ataques. Esta acción, negativa e intencionada, sitúa a la víctima en una posición de la que difícilmente puede escapar por sus propios medios. La continuidad de estas relaciones provoca en las víctimas efectos claramente negativos: ansiedad, descenso de la autoestima, y cuadros depresivos, que dificultan su integración en el medio escolar y el desarrollo normal de los aprendizajes. El alumno acosador ejerce siempre una influencia destructiva, actúa sobre su víctima practicando una conducta negativa que trata de perjudicar o provocar malestar, y que se realiza repetidamente y de manera reiterativa (Olweus, D. 1993). Un alumno acosado se convierte en víctima cuando está expuesto, de forma repetida y durante un tiempo, a acciones negativas llevadas a cabo por otro alumno o un grupo de ellos (Olweus, D. 1998).

Piñuel y Oñate (2007), definen el acoso escolar como un continuado y deliberado maltrato verbal y modal que recibe un niño, o una niña, por parte de otro u otros, que se comportan con él/ella cruelmente con el objeto de someter, amilanar, arrinconar, excluir, intimidar, amenazar u obtener algo de la víctima mediante chantaje y que atentan contra su dignidad y sus derechos fundamentales.

Es un comportamiento prolongado de insultos, rechazo social, intimidación y/o agresividad física de unos alumnos contra otros, que se convierten en víctimas de sus compañeros (Ortega, R.1998).

En el siguiente post definiré más detalladamente cuáles son las conductas que suele tener el acosador para saber si tenemos un caso de acoso escolar en el aula.

Necesidades educativas de un alumno con discapacidad intelectual

Las personas con discapacidad intelectual suelen tener ciertas dificultades para vivir su día a día, normalmente les cuesta más aprender habilidades sociales para poder interactuar en su vida social.

Estas personas tienen limitaciones intelectuales, afectándoles en su conducta adaptativa, apareciendo estas, antes de los 18 años.

Su relación con el entorno es de vital importancia, ya que en entornos inclusivos pueden llegar a desarrollar multitud de habilidades.

La discapacidad intelectual habitualmente es estable, y perdura a lo largo de su vida, teniendo un gran impacto tanto en sus familiares como en ella misma.

Es importante destacar que no es una enfermedad y que estas personas, con los apoyos necesarios, son capaces de conseguir grandes logros, consiguiendo alcanzar en muchos casos sus propias expectativas.

Existen diversas causas que originan este tipo de discapacidad, algunas se producen antes de nacer, durante el propio parto, o causa de una enfermedad durante la infancia.

Determinadas personas con discapacidad grave necesitan de un apoyo constante en las rutinas diarias como pueden ser asearse, vestirse, comer, beber, etc.

Por otro lado, otras personas con menor grado de discapacidad son capaces de vivir una vida independiente, aunque en algunos momentos necesiten de alguna ayuda.

Para evaluar las necesidades educativas especiales de los alumnos con discapacidad intelectual debemos recurrir al currículo del centro para que nos sirva de referente, estudiando de manera exhausta las necesidades que puedan requerir este tipo de alumnado, siempre de manera individualizada, ya que cada niño precisa de diferentes ayudas, al no ser todos iguales, para así añadir las adaptaciones correspondientes.

A continuación se detallan las diferentes necesidades educativas que precisan estos alumnos:

  • Necesidades derivadas del funcionamiento intelectual, afecta en estos casos a las capacidades incluidas en la inteligencia, como pueden ser la atención y la memoria, el autocontrol en el comportamiento y la metacognición o el proceso de la información en sus tres fases.
  • Necesidades derivadas de las habilidades adaptativas, que son las capacidades, comportamientos y habilidades que hacen que la persona pueda adaptarse satisfactoriamente a su entorno habitual, como pueden ser la comunicación, el autocuidado, las habilidades de vida en el hogar, las HH.SS, el uso de la comunidad, la autodeterminación, la salud y la seguridad, las académicas funcionales, el ocio y tiempo libre o el trabajo.
  • Necesidades derivadas de la participación, interacción y roles sociales, afectada directamente por las posibilidades y ocasiones que tiene el alumno, como pueden ser la participación y la falta de participación e interacción en la sociedad.
  • Necesidades derivadas de la salud, son iguales que en alumnos sin discapacidad, con la ligera diferencia de sus escasas habilidades para abordarlas, como pueden ser los inconvenientes a la hora de reconocer e identificar los síntomas de su malestar, la falta de colaboración hacia el profesional que le realiza un examen médico, la existencia de varios problemas asociados a su salud y el dominio de alteraciones anteriores a la sintomatología actual.
  • Necesidades derivadas del contexto, algunos factores externos pueden afectar en el desarrollo del alumno así como en su bienestar, por ello es importante ofrecerle una estabilidad ambiental que le ayude a ser partícipe en la comunidad, que se sienta integrado, que le ayude a ser independiente y pueda desarrollarse en toda su plenitud, física y cognitivamente.

Síndrome de Angelman

El Síndrome de Angelman (SA) es un severo trastorno neurológico de origen genético que fue reconocido en 1965 por Harry Angelman (pediatra inglés) aunque no fue hasta 1987 cuando se identificó el mecanismo genético que causaba este síndrome gracias a los avances de las técnicas de diagnóstico.

Se han realizado diversos estudios para esclarecer cuál es la incidencia de este síndrome en la población, pero resulta difícil ya que pueden existir muchos casos sin diagnosticar o diagnosticados de forma errónea. Aunque la prevalencia se desconoce realmente, se estima entre 1/12.000 y 1/24.000 nacidos.

El SA afecta por igual a hombres y a mujeres, y se presenta en todos los grupos raciales.

El síndrome de Angelman no se reconoce normalmente en los bebés debido a que los problemas de desarrollo que van asociados a él no se corresponden con esta etapa, así que el diagnóstico suele aparecer entre los 2 y 5 años, cuando las conductas o los rasgos de este síndrome son más representativos.

Los niños con SA pueden tener una boca parcialmente amplia y una lengua prominente, a veces con mentón saliente.

En el año 2006 el American Journal of Medical Genetics publicó un documento sobre los criterios de diagnóstico consensuados, es decir, las características físicas y las alteraciones de desarrollo que pueden tener estos niños.

Hay que resaltar que no todos los niños presentan todos los síntomas, aunque algunos de ellos sean comunes.

Fuente de la imagen: quepadres.com

Consistente (100%)

  • Desarrollo demorado, funcionalmente severo.
  • Alteración de movimientos o de equilibrio, usualmente ataxia en el caminar y/o movimientos temblorosos de los miembros.  El temblor en los movimientos puede ser leve. Puede no parecer realmente ataxia, pero suele ser un caminar vacilante, inestable, errático o con movimientos rápidos y torpes.
  • Peculiaridad en el comportamiento: cualquier combinación de risa/sonrisa frecuente, personalidad afable y sonriente, personalidad fácilmente excitable, a menudo con sus manos en alto, revoloteando o haciendo suaves movimientos.
  • Conducta hiperactiva.
  • Problemas de habla: ausencia del habla, o un uso mínimo de palabras. Mayor habilidad en la comunicación receptiva (comprensión) más que en la verbal.

Frecuente (más del 80%)

  • Retraso en el crecimiento de la circunferencia de la cabeza, que resulta en microcefalia: 2 desvíos estándar del Perímetro Cefálico normal a los 2 años de edad. La microcefalia es más pronunciada en aquellos con deleciones del cromosoma 15q11.2-q13.
  • Convulsiones que comienzan habitualmente antes de los 3 años de edad.  La gravedad de las convulsiones disminuye con la edad, pero persisten durante la edad adulta.
  • Electroencefalogramas anormales, con un patrón característico. Las anormalidades del EEG4 pueden observarse en los primeros 2 años de vida y pueden preceder las características clínicas, motivo por el cual a menudo no se correlacionan con los episodios clínicos de convulsiones.

Asociados (20-80%)

  • Occipucio plano.
  • Hendidura occipital.
  • Lengua protuberante.
  • Sacar la lengua, problemas para chupar/tragar.
  • Problemas de alimentación y/o hipotonía troncal durante la infancia.
  • Prognatismo.
  • Boca ancha, dientes espaciados.     
  • Babeo frecuente.
  • Masticación excesiva de objetos que muchas veces se llevan a la boca.
  • Estrabismo.
  • Piel hipopigmentada, cabello claro y el color claro de los ojos (en comparación con su familia) que se ve solamente en casos de deleción.
  • Reflejos hiperactivos en los miembros inferiores.
  • Brazos levantados, flexionados, especialmente cuando deambula.
  • Marcha con pasos amplios y tobillos pronados o posicionados en valgo.
  • Sensibilidad aumentada al calor.
  • Ciclos anormales de sueño/despertar, así como una disminución en la necesidad de dormir.
  • Atracción/fascinación por el agua, fascinación por objetos crujientes, tal como cierta clase de papeles o plásticos.
  • Conductas anormales en la alimentación.
  • Obesidad (en los niños mayores).
  • Escoliosis.
  • Constipación.

En el aula, los niños con Síndrome de Angelman presentan diferentes retos en las áreas de comunicación, social, cognitivo y físico, por lo que el docente debe tener el suficiente conocimiento acerca del síndrome como para cumplir con las adaptaciones e intervenciones adecuadas e individualizar, tanto el currículo, como el trato hacia el alumno con esta necesidad educativa.

Como suelen precisar de mucha ayuda, es importante ofrecerles mucha motivación y estimularles cuando están aprendiendo una habilidad nueva o nuevos conceptos. Las habilidades funcionales deben ser consideradas parte de su aprendizaje y promoverlas activamente para que logren ser autosuficientes e independientes.

En definitiva, brindarles oportunidades para que adquieras destrezas y experiencias nuevas y satisfactorias.

Magnitudes y medidas

Siguiendo el anterior post sobre espacio y geometría, en este hablaré sobre las magnitudes y medidas.

Una magnitud es una propiedad cuantitativa de los cuerpos que puede ser medida, como el tamaño o el peso.

La construcción de la noción de magnitud en los niños parte de una comparación perceptiva visual y táctil directa sobre los objetos, es decir, el niño establece una relación comparativa entre los objetos a partir de las cualidades que percibe de estos a través de la vista y el tacto.

Posteriormente, el niño desplaza los objetos aproximándolos entre sí para poder compararlos de manera más precisa y, finalmente, realizará comparaciones indirectas, es decir, no necesitará tener los objetos próximos operando así con la propiedad transitiva.

Una actividad que podemos proponer en la clase para trabajar estos conceptos es la siguiente:

“¿Qué pesa más?”

Nivel: De 5 a 6 años.

Material: Objetos varios, por ejemplo:

  • Una manzana.
  • Una mochila vacía.
  • Una mochila llena de libros.
  • Una silla.
  • Una pluma.
  • Una muñeca de trapo.
  • Una muñeca de plástico.
  • Una botella vacía.
  • Una botella llena.
  • Una pelota de cuero.
  • Una pelota de plástico hinchable.

Número de jugadores: El conjunto de la clase.

Reglas: Nos colocaremos en fila con todos los objetos delante de nosotros. Detrás de ellos habremos dibujado con cinta adhesiva tres círculos de diferentes colores. El verde significará poco peso, el naranja peso medio y por último el rojo significará mucho peso. Cada niño, por orden, elegirá un objeto y sopesará dentro de qué círculo lo va a poner, según el peso del mismo. Lo dirá en voz alta y luego le pasará el objeto al resto de los compañeros que también tendrán que decir dónde lo colocarían. Una vez todos hayan expresado su opinión lo comentaremos y lo pondremos en el círculo correcto.

Variante: Podemos realizar grupos de 4 o 5 niños para que sean ellos mismos los que sin la intervención del docente elijan dónde colocarlos.

Competencias y Objetivos:

  • Reconocer diferentes pesos.
  • Diferenciar pesos entre dos objetos.
  • Diferenciar peso de volumen.

Contenidos:

  • El peso.
  • El volumen.

Vocabulario que se trabaja:

  • Peso.
  • Conceptos “más – menos”.
  • Vocabulario objetos.
  • Vocabulario de cantidades: poco – mucho – un poco – no mucho.

Diálogo o comentario posterior:

Hablaremos de objetos que tengan en casa, de si les cuesta mucho cargarlos, de qué es lo que más pesa en su casa, de qué es lo que pesa menos. Hablaremos de animales, de cuál pesa más y cuál pesa menos. Hablaremos del volumen, de que no más volumen significa más peso poniendo algunos ejemplos con los objetos trabajados en la actividad.

Estilos actitudinales del docente

La educación tradicional ha estado siempre marcada por una situación jerárquica donde los roles de profesores y alumnos estaban claros: “mientras que los profesores han desempeñado un papel activo en calidad de oradores, los alumnos han adoptado una pasiva como oyentes» (Sinclair, 1982).

Sin embargo, actualmente el enfoque educativo ha cambiado, dando lugar a una enseñanza más activa por parte del alumno, combinando los aspectos cognitivos, propios de la educación, con los aspectos socio-afectivos y emocionales.

“El rol tradicional del profesor, centrado en la transmisión de conocimientos, está cambiando. La obsolescencia del conocimiento y las nuevas tecnologías conllevan a que la persona adquiere conocimientos en el momento que los necesita. En este marco, la dimensión de apoyo emocional del profesorado en el proceso de aprendizaje pasa a ser esencial. En el siglo XXI probablemente se pase de rol tradicional del profesor instructor centrado en la materia a un educador que orienta el aprendizaje del estudiante, al cual presta apoyo emocional”.

Bisquerra (2003: 17)

DISTINTOS ESTILOS ACTITUDINALES DEL PROFESOR

Profesor centrado sólo en el currículo

Este tipo de profesores, cuando están en las aulas con sus alumnos, solo se centran en el currículo, lo que quiere decir que no les gusta improvisar, hacer diferentes actividades buscando mejores objetivos o contenidos que no estén marcados en el currículo de educación, por el que nos basamos los profesores y que tenemos como referencia para la actividad diaria en las aulas.

Dejan poco espacio a la espontaneidad, donde los alumnos solo y exclusivamente aprenden o adquieren las capacidades que están detalladas en él.

A estos profesores nos les gusta salirse de los marcos que nos dictan las leyes y esto puede provocar que los alumnos se aburran o pierdan el interés, ya que hay algunos que van más avanzados y necesitan seguir aumentando sus conocimientos, sus habilidades, etc. y no les es permitido, ya que como esas capacidades u objetivos no están marcados en el currículo mencionado anteriormente, el profesor no les da la posibilidad de seguir adelante o aprender cosas nuevas.

Profesor centrado en sí mismo

Este tipo de profesores pretende ser él el centro de atención de la clase en todo momento, dejando en un segundo plano a los alumnos, dándose mucha importancia a sí mismo, a su sabiduría y a su forma de dar las clases. Son profesores que tienden a no dejar mucho espacio para que sus alumnos interactúen, les gusta tener la última palabra y llevar sus clases muy planificadas y estructuradas para no dejar cabida a la improvisación, ya que no les gusta salirse de lo establecido.

Con respecto a sus alumnos, quieren que dediquen tiempo y esfuerzo a su asignatura. Su principal propósito es que adquieran los conceptos y conocimientos específicos de la materia.

Pero por otro lado, con este estilo actitudinal, puede que los alumnos pierdan interés en la materia, ya que el profesor no permite que colaboren entre ellos y pierden las ganas de aprender o de investigar, al saber que no podrán compartir sus ideas u opiniones ni debatir los temas que se traten en el aula con los demás compañeros o con el profesor.

Con respecto a los exámenes, se puede decir que, por lo general, son muy estructurados, detallados y amplios.  

Profesor centrado sólo en la relación con el alumno

Con este estilo actitudinal se consigue involucrar al alumno en todo lo relacionado con el aula, una cohesión grupal y una participación activa por parte del alumnado.

El docente ejerce de profesor-amigo utilizando la empatía y la escucha activa:

 “Las criaturas deben sentir en las maestras y en los maestros la persona que hay en ellos para poder establecer relaciones positivas, claras, auténticas. Personas que les acogen, les quieren, les escuchan y también que les contienen y les limitan. Personas que deben caracterizarse por su disponibilidad corporal, afectiva e intelectual. Personas que creen que a partir de las relaciones positivas próximas se puede influir en ámbitos más generales porque se tiene esperanza optimista en la vida y, en definitiva, se tiene el convencimiento de que la educación emocional de nuestros pequeños contribuye a la madurez emocional de jóvenes y adultos” .

Gómez Bruguera (2003: 36)

Este les brinda toda su confianza, generando un buen ambiente en el aula, aumentando su autoestima y ayudándoles a crecer y a confiar en sí mismos, consiguiendo, de esta manera, mejores resultados en los alumnos.

No obstante, puede ser también que el docente, al dejar de tener el rol que le permite disponer de un respeto y obediencia por parte de los alumnos, lo que conlleve sea a que, poco a poco, deje de tener su control, pudiendo encontrarse con malas respuestas de algunos alumnos e incluso rebeldía.

Puede encontrarse con que los alumnos ya no le respetan al haberse puesto en una situación de igual a igual, que estos no realicen las actividades propuestas y la motivación de los alumnos decaiga.

Profesor yema

El profesor YEMA tiene una disposición favorable hacia los alumnos que usa como requisito obligatorio para poder llevar a cabo un proyecto de enseñanza-aprendizaje y lograr de ellos una actitud favorable, poniendo en juego lo cognitivo, afectivo, conductual, teniendo en cuenta que lo habitual es que la actitud favorable tenga que estar inducida por el profesor.

Debe tener cuidado con los elementos para evitar centrarse en sí mismo, centrarse sólo en el currículum o centrarse sólo en la relación con el alumnado.

Este profesor trata de llevar sus conocimientos, teniendo confianza en sí mismo, relativizando los problemas y compartiéndolos, dotándose de habilidades de conducción de la clase que conlleven a un control ante los alumno, que aunque sea mínimo, tiene que ser suficiente para fijar unos límites y mantenerlos, debe evitar actitudes evasivas manteniendo la calma, y por supuesto revisar periódicamente los planteamientos metodológicos.

El profesor debe aprender a gestionar eficazmente con buenas prácticas docentes, las resistencias y disrupciones que genera el alumnado teniendo en cuenta que no solo la diversidad se centra en capacidades y conocimientos, sino en expectativas, intereses y actitudes, llegando al alumno a través de la autoestima y empatía, así que podríamos decir que su gran desventaja como profesional es que debe planificar más que los contenidos de su materia y mantener un equilibrio entre control y empatía.

“Un maestro es una brújula que activa los imanes de la curiosidad, el conocimiento y la sabiduría de los alumnos”.

Ever Garrisson