Intervención con alumnos con TDAH

Es necesario saber que en la etapa infantil de 0 a 6 años los niños son muy inquietos, tienen atención selectiva y no son capaces de centrarse en un aspecto durante mucho tiempo, se encuentran en pleno desarrollo, es por eso por lo que se diagnostica a partir de los 7 años. Si se detecta en el aula de infantil un niño con TDAH, lo que se va a intentar es modificar, controlar y hacer desaparecer la conducta.

Intervenciones más frecuentes

“El enfoque terapéutico cognitivo-conductual ha demostrado ser la herramienta más eficaz que disponemos para reducir los comportamientos perturbadores de los niños con TDAH y aumentar los comportamientos autocontrolados”.

Soutullo y Díez, 2007

Para utilizarlo, hay que hacer partícipe a las personas encargadas de la educación del niño.

Aspectos que se trabajan con estas técnicas:

  • Desarrollo y orientación personal.
  • Resolución de conflictos.
  • Entrenamiento en auto-instrucciones.
  • Organización y planificación de la conducta en función de objetivos y metas.
  • Autorregulación emocional.
  • Entrenamiento en habilidades y estrategias internas.

Programas cognitivos-conductuales

Entrenamiento en solución de problemas

Se basa en adquirir el autocontrol a través del pensamiento secuencial apoyándose en actividades sencillas, sociales e interpersonales. Su entrenamiento se desarrolla en cuatro fases (Urueta, 2003):

  • Fase 1: Reconocimiento del problema. Se les enseña a los niños a entender cuáles son las señales que hacen aparecer un problema.
  • Fase 2: Análisis del problema. Los niños deben explicar los orígenes del problema a través del análisis y el diálogo.
  • Fase 3: Formular soluciones alternativas y valorar sus consecuencias. Los niños elaborarán diversas soluciones para seleccionar la mejor.
  • Fase 4: Pensamiento Medios Fines. Se les ayuda a expresar sus propios sentimientos, a empatizar con los demás y respetarlos, a colaborar con sus semejantes y los adultos, etc.

Entrenamiento autoinstruccional

Con esta técnica se fomenta el uso del lenguaje en la autorregulación del comportamiento para solucionar los problemas. El niño realiza actividades sencillas para que se habitúe a pensar en lo que dice. Poco a poco se va aumentando su aplicación a diversas situaciones: personales, sociales, etc. Esta técnica es muy útil para cambiar la conducta del niño mediante sus propias sugerencias, guiando así, su propia conducta.

Entrenamiento de inoculación de estrés

Esta técnica ayuda a los niños a manejar situaciones que les provoca estrés para que puedan autocontrolarse, de esta manera podrán relajarse y usar estrategias adaptativas para su vida diaria.

Modelado participativo

Esta técnica se basa en el aprendizaje observacional y el profesor ejerce de estímulo provocando así conductas o pensamientos en los niños, sirviendo tanto para adquirir conductas o habilidades como para inhibir o desinhibir conductas determinadas.

Utilización de contingencias

Con esta técnica se controlan los factores ambiente partícipes en las alteraciones del trastorno, favoreciendo los procedimientos cognoscitivos que provocan las conductas y estrategias alternativas.

Costo de respuesta

El niño pierde un privilegio a causa de una conducta inadecuada, se le quita en el mismo momento de realizarla para así conseguir que reduzca ese comportamiento. Esta técnica es muy eficaz como retroalimentación negativa para los niños que muestran este tipo de trastornos.

Economía de fichas

Es utilizada para fomentar la conducta esperada por el docente a través de los reforzamientos.

Krasner (1971, citado en Trull 2003) señala tres razones para el uso de este procedimiento:

“a) debe haber una especificación clara y cuidadosa de los comportamientos deseables que se reforzarán;

b) debe establecerse un reforzador definido con claridad (por ejemplo fichas de plástico, tarjetas o monedas);

y c) se fijan reforzadores de respaldo. Estos pueden ser privilegios especiales u otras cosas deseadas por el paciente”.

Retroalimentación

“Es un reforzador condicionado que hace referencia al conocimiento de los resultados de la propia ejecución y no siempre incluye eventos adicionales que pudieran ser reforzantes por mérito propio”. (Kazdin, 2000)

Reforzadores sociales

Se aplican fácilmente en la vida diaria del niño y en un sinfín de situaciones, se incluyen las caricias, el afecto, las palabras amables y de aprobación, las sonrisas, etc. Este refuerzo debe obtenerlo el niño con su buen comportamiento.

Reforzador positivo

Gracias a esta técnica, en el niño aumentan las conductas deseadas por el docente. Al niño se le ofrece un refuerzo positivo si su comportamiento es el adecuado.

Técnica de la Tortuga

Esta técnica se usa con todo el grupo y se cuenta la historia de una tortuga, la cual tiene una conducta similar al niño con TDAH. Es muy útil, ya que se hace partícipe a toda la clase para poder ayudar al niño en cuestión.

Es necesario ser constante y no decaer. Según Barkley, antes de decidir que un programa de modificación de conducta no funciona debe ponerse a prueba, al menos, durante dos semanas.

Barkley, 2001

Cuento de la tortuga


En una época muy remota vivía una tortuga joven y elegante. Tenía (x) años de edad y justo entonces acababa de empezar (X) curso. Se llamaba Tortuguita.
A Tortuguita no le gustaba ir al colegio. Prefería estar en casa con su madre y su hermanito. No quería estudiar ni aprender nada de nada; sólo le gustaba correr y jugar con sus amigos o pasar las horas muertas viendo la televisión. Le parecía horrible tener que hacer cuentas y más cuentas; y aquellos horribles problemas de matemáticas que nunca entendía. Odiaba con toda el alma leer y lo hacía bastante mal y era incapaz de acordarse de apuntar los deberes que le mandaban. Tampoco se acordaba nunca de llevar los libros al colegio.
En clase, jamás escuchaba a la profesora y se pasaba el rato haciendo ruidos que volvían locos a todos. Cuando se aburría, y sucedía muy a menudo, interrumpía la clase chillando o diciendo tonterías que hacían reír a todos. En ocasiones, intentaba trabajar pero lo hacía rápido para terminar cuanto antes y se volvía loca de rabia cuando, al final, le decían que lo había hecho mal.
Cuando esto sucedía arrugaba las hojas o las rompía en mil pedazos. Así transcurrían los días.
Cada mañana, camino del colegio, se decía a sí misma que iba a esforzarse todo lo posible para que no la castigasen en todo el día. Pero, al final, siempre acababa metida en algún lío. Casi siempre se enfurecía con alguien y se peleaba constantemente, aunque sólo fuera porque creía que el que le había empujado en la cola lo había hecho a propósito. Se encontraba siempre metida en dificultades y empezó a estar harta del colegio. Además, una idea empezó a rondarle por la cabeza; «soy una tortuga muy mala», se decía. Estuvo pensando esto mucho tiempo sintiéndose mal, muy mal.
Un día, cuando se sentía más triste y desanimada que nunca, se encontró con la tortuga más grande y más vieja de la ciudad. Era una tortuga sabia, tenía por lo menos 100 años y su tamaño era enorme. La tortuga sabia se acercó a Tortuguita y le preguntó qué le ocurría. Tortuguita tardó en responder impresionada por semejante tamaño. Pero la vieja tortuga era tan bondadosa como grande y estaba deseosa de ayudarla. «¡Hola!», dijo con
voz inmensa y rugiente, «voy a contarte un Secreto. ¿No comprendes que llevas sobre ti la solución para los problemas que te agobian?»
Tortuguita no sabía de qué le estaba hablando. « ¡Tu caparazón, tu caparazón!», exclamó la tortuga sabia, « ¡para eso tienes una coraza! Puedes esconderte en su interior siempre que te des cuenta de que lo que estás haciendo o diciendo te da rabia. Entonces, cuando te encuentres dentro de tu concha dispondrás de un momento de tranquilidad para estudiar tu problema y buscar la mejor solución. Así que, ya lo sabes, la próxima vez que te irrites, métete inmediatamente en tu caparazón».
A Tortuguita le gustó la idea y estaba impaciente por probar su nuevo secreto en el colegio.
Llegó el día siguiente y, de nuevo, Tortuguita cometió un error que estropeó su hoja de papel blanco y reluciente, empezó a experimentar otra vez sentimientos de furia y rabia, y cuando estaba a punto de perder la paciencia y arrugar la hoja, se acordó de lo que le había dicho la vieja tortuga. Rápida como el rayo, encogió sus brazos, piernas y cabeza, apretándolas contra su cuerpo, deslizándose hacia el interior de su caparazón. Permaneció así hasta que tuvo tiempo de pensar qué era lo mejor que podía hacer para resolver su problema con la hoja. Fue estupendo para ella encontrarse allí tan tranquila y confortable dentro de su concha donde nadie podía molestarla.
Cuando por fin salió de su concha, se quedó sorprendida al ver que su profesora le miraba sonriente. Tortuguita explicó que se había puesto furiosa porque había cometido un error. La profesora le dijo que estaba orgullosa de ella porque había sabido controlarse. Luego, entre las dos, resolvieron el fallo de la hoja. Parecía increíble que con una goma y borrando con cuidado, la hoja pudiera volver a quedar limpia.
Tortuguita continuó aplicando su secreto mágico cada vez que tenía problemas, incluso en el recreo. Pronto, todos los niños que habían dejado de jugar con ella por su mal carácter, descubrieron que ya no se enfurruñaba cuando perdía en un juego ni pegaba a todo el mundo por cualquier motivo. Al final de curso, Tortuguita aprobó todo y jamás le faltaron amigos.

Evolución del sentido del oído

El sentido del oído es muy importante para el desarrollo de un niño, ya que para procesar la información que nos transmite el entorno debemos desarrollar el sentido de la audición.

Desde el momento del nacimiento los bebés tienen el sentido del oído más o menos desarrollado, e incluso pueden oír y responder a los sonidos veintiocho semanas antes de su nacimiento, donde ya han tenido la oportunidad de escuchar el paso de la sangre por el cordón umbilical, ruidos intestinales y latidos del corazón de su madre.

Pero el líquido amniótico que ha penetrado en el conducto auditivo del bebé durante nueve meses produce una oclusión que hace que durante las dos semanas después de su nacimiento pueda llegar a disminuir su capacidad auditiva, aunque siga respondiendo a estímulos a través de la vista, la aceleración del ritmo cardíaco y la respiración.

Poco a poco podrán ir diferenciando sonidos de habla humano y sonidos no verbales como el ruido de un tambor.

Además, los bebés reaccionan ante sonidos que les resultan familiares, sonidos que estuvo escuchando durante los nueve meses de gestación y que tiene la capacidad de recordar y reaccionar ante ellos, bien de manera agradable si le produjo tranquilidad en su momento, (puede que incluso le ayude a conciliar el sueño) o de manera desagradable si le resultaba ruidoso o molesto (lo que le llevará a llorar).

Es importante conocer algunos de los hechos más relevantes de la evolución auditiva humana. El oído se desarrolla mayoritariamente de manera intrauterina, su formación comienza durante las primeras semanas en unas protuberancias situadas bajo la cabeza, a ambos lados del cuello; poco a poco los pabellones auditivos se irán desplazando desde ahí hasta su correcta localización.

Desde el final del sexto mes el oído ya está en su sitio y completamente formado, pero el feto ya puede percibir sonidos procedentes de la madre o del exterior desde la décimo sexta semana.

Desde el primer mes después del nacimiento tiene la capacidad de responder ante un ruido girando la cabeza, se siente atraído por sonidos del habla humana, sobre todo en tonos más fuertes de lo normal, aunque oyen mejor las frecuencias bajas.

Entre los dos y los cuatro meses es capaz de inclinarse por uno u otro sonido vocálico y al quinto mes percibe las emociones de los seres que le rodean.

Con seis meses perfecciona la sensibilidad auditiva hasta percibir correctamente las frecuencias y tonos dados en el entorno, así el niño será capaz de discriminar sonidos con el paso del tiempo.

Las reglas básicas para la estimulación de la audición del bebé son:

  • Una pronunciación exagerada o emitir sonidos articulados.
  • La creación de un diálogo a base de preguntas repetitivas.

Con una buena base de la adquisición del lenguaje, la estimulación auditiva debe estar unida a los movimientos del cuerpo, la utilización de la boca y la lengua. Es importante que te observe para que empiece a repetir sonidos, debemos repetir lo que ha dicho para ir estableciendo pequeños diálogos que sean muy enriquecedores para fortalecer y favorecer el vínculo afectivo entre padres e hijos.

El oído y sus características

El oído es el órgano que se encarga de la audición y del equilibrio.

Una de sus funciones es percibir los diferentes tonos y timbres a través de la diferenciación vibratoria de cada uno de ellos. La segunda función que tiene el órgano del oído es diferenciar el volumen de cada tono o sonido. Gracias a estas dos funciones que tiene podemos distinguir los tonos de los ruidos, ya que cada uno tiene una vibración diferente.

Por otra parte, somos capaces de entender lo que oímos porque el órgano del oído manda las vibraciones de los sonidos al cerebro para que transmita dicha información, y así podemos entender el significado.

Una de las partes del oído son unas terminaciones nerviosas que al recibir información de los movimientos corporales nos ayuda a mantener el equilibrio.

El órgano del oído está dividido en tres partes:

-Oído externo.

-Oído medio.

-Oído interno.

Oído externo

El oído externo se encarga de recibir las ondas sonoras del ambiente y enviarlas al oído medio. Está compuesto por las siguientes partes:

  • El Pabellón Auditivo, está formado por la piel de nuestro organismo y por el cartílago.
  • El Conducto Auditivo Externo, es la continuación del Pabellón Auditivo. Su pared está compuesta por una parte cartilaginosa que es móvil, donde se encuentra la Glándula Ceruminosa que segrega la cera del oído que se llama cerumen y los folículos pilosos; y por otra parte ósea que es fija.
  • Membrana Timpánica o Tímpano, es la estructura que divide el oído externo del medio. Cuando las ondas sonoras chocan con ella, esta vibra y las convierte en impulsos nerviosos para poderlos mandar al cerebro.

Oído medio

El oído medio es una cadena de huesecillos, encargado de recibir las ondas sonoras del ambiente y enviarlas al oído interno. Está formado por las siguientes partes:

  • Martillo.
  • Yunque.
  • Estribo.

Oído interno

El oído interno es el encargado de mantener el equilibrio y está formado por las siguientes partes:

  • Vestíbulo, cuya estructura está formada por el Utrículo y el Sáculo, que se encarga del equilibrio.
  • Los Conductos o Canales Semicirculares, situados al lado del Caracol, y es dónde se encuentran el sentido de la rotación y del equilibrio. Su función es de sentir los movimientos de la cabeza para así poder informar al cerebro.
  • El Caracol, es un conducto que se encarga de la audición.

El oído percibe las diferentes profundidades de cada sonido y puede localizar las direcciones de las que proceden. Esta propiedad se desarrolla más en las personas que no ven. Diferencia la dirección de los sonidos porque las vibraciones llegan antes a un oído que al otro.

Los métodos analítico y sintético en la enseñanza

El método analítico es un método que forma parte de una enseñanza más global, a partir de unidades con significado como pueden ser las palabras, las frases o los textos, el niño asocia significados a la palabra escrita completa, al contrario del método sintético, que lo hace a partir de unidades subléxicas, sin significado, como los fonemas, las letras y las sílabas, el niño aprende a separar las letras, después forma sílabas y por último palabras.

MÉTODO ANALÍTICO

El proceso de aprendizaje a través del método analítico es más lento que con el método sintético porque implica que el niño deba conocer todas las palabras como unidades diferentes y eso es algo que a veces lleva al fracaso, sobre todo si el texto contiene una variedad amplia de palabras.

Además, el alumno debe conocer el código escrito para poder identificar las palabras nuevas, lo que repercute, inevitablemente, en el proceso que se lleva a cabo, ya que ralentiza su aprendizaje.

Si un niño desconoce por completo, o en parte, este código, esta metodología está abocada al fracaso, sin embargo, para él, es idóneo otro tipo de método.

El método analítico se centra en enseñar desde el nivel superior para poco a poco ir bajando, con lo cual al niño le puede costar más trabajo e irá más despacio a la hora de adquirir esos conocimientos.

Se supone, según maestros que han usado este método, que los niños están más motivados porque se parte de estructuras mayores (palabras, oraciones y textos) que contienen ideas completas. Pero como contrapuesto está la inadecuada aplicación, ya que el maestro no sabe bien qué hacer y cómo llegar a las unidades mínimas, y esto puede llevar al fracaso en el aula.

MÉTODO SINTÉTICO

El método sintético comienza desde lo más bajo, que puede ser enseñarle a los niños las formas de las letras, su uso, cómo se pronuncian, etc. subiendo de nivel con cada aprendizaje nuevo, para que, de esta manera, construyan un aprendizaje significativo, aprendiendo a partir de lo que ya conocen, y esto pueda resultarles más fácil.

Es un método más sencillo, tanto para el docente, las familias y los propios niños, ya que hay mucha variedad de recursos en los que se pueden apoyar y con los que el niño se divertirá a la par que aprende.

Sería importante tener en cuenta el estado sociocultural de las familias, y por tanto, de los propios niños, ya que puede afectar en su aprendizaje.

No es lo mismo un niño de una familia con una posición social alta o media, que tenga la posibilidad de tener libros a su alrededor, donde su familia mantenga conversaciones constructivas y de calidad, y el niño pueda aprender palabras nuevas, a un niño de una familia con una posición social baja o desestructurada y no tenga las mismas oportunidades que el primero.

Según la siguiente frase: “La práctica docente permite observar que mediante procedimientos diferentes se pueden alcanzar distintos tipos de resultados y que ningún método de enseñanza puede tener una superioridad inherente que le permita alcanzar de forma plenamente satisfactoria todos los resultados que se pretende”, no existe el método perfecto, pero debemos adecuarnos al alumno y usar el que mejores resultados nos ofrezca.

Mendoza (1996:72)

Definitivamente, lo ideal sería trabajar con los niños desde un método mixto, un método que tiene lo mejor de ambas metodologías y que ello beneficie al alumno lo máximo posible.

La potenciación de la autoestima en el aula

Desde mi punto de vista lo más importante, cuando el docente pretende enseñar conocimientos a los alumnos, es que sea vocacional, que crea en lo que está impartiendo, y qué mejor forma de hacerlo que de una manera motivadora y creativa, ya que muchas veces no es el “qué” enseñamos, sino “cómo” lo enseñamos, puesto que este interés y entusiasmo que mostramos y reflejamos, se los estaremos trasmitiendo a nuestros alumnos, ya que es indiscutible que las actitudes que tenemos, nuestras percepciones y expectativas influyen en la vida académica, tanto en las tareas que debemos realizar, como en las metas que cada uno se propone.

«Se puede afirmar que el aprendizaje se caracteriza como un proceso cognitivo y motivacional a la vez»

G. Cabanach et al., 1996, p. 9

Muchos autores definen la motivación como un conjunto de procesos implicados en la activación, dirección y persistencia de la conducta (Beltrán, 1993a; Bueno, 1995; McClelland, 1989, etc.).

El docente debe crear un ambiente relajado para proponer a los niños actividades con las que puedan desarrollarse plenamente, desafiándoles a realizarlas lo mejor posible, dentro de sus capacidades. Considero que el aprendizaje de ciertos conocimientos supone una actividad propia del sujeto y así aproximarse a la corriente constructivista, que supone la construcción del conocimiento a través de las acciones significativas y afectivas sobre situaciones reales y probando la validez o invalidez de sus procedimientos actuando sobre dichas situaciones.

Estas acciones les ayudarán a apropiarse de los problemas, a comprender la naturaleza de las cuestiones formuladas, a configurar una representación de la situación propuesta. Para ello es necesario que el aprendizaje sea interesante y significativo y que ofrezca a los niños un aprendizaje que les motive, donde ellos sean el sujeto activo de su propia acción, en el que manipulen, experimenten y en el que ellos mismos descubran sus propios intereses, habilidades, capacidades y aptitudes.

Chamorro, 2005, p. 15

Es necesario que el docente ayude a los alumnos a desarrollar sus habilidades, fomentando la creatividad y la cooperación entre los iguales, promoviendo así el respeto entre los compañeros. Dejará que ellos mismos tomen sus propias decisiones, enseñándoles responsabilidades, siempre, eso sí, bajo su atenta mirada.

Igualmente les hará ver que los errores no son malos, que son parte del proceso de enseñanza y aprendizaje, les felicitará cuando hagan algo bien, valorará su trabajo y potenciará en ellos actitudes y pensamientos positivos para que se acepten a sí mismos y a los demás.

Actuaciones que se deben evitar:

  • Hacer comparaciones entre los alumnos, ya que se crean situaciones de competitividad y rechazo.
  • La sobreprotección hacia un alumno en concreto.
  • No juzgar a ningún alumno, cada niño lleva su propio ritmo.

En el transcurso del curso académico, en ocasiones, al docente le suele afectar el efecto pigmalión, que son las expectativas de este y su efecto en los alumnos, un trabajo desarrollado por Rosenthal y Jacobson (1968; 1980). Estos analizaron la influencia de las expectativas de los maestros en el rendimiento de los niños.
Estas expectativas, sean positivas o negativas, se terminan haciendo realidad, ya que el docente ejerce una gran influencia sobre el alumnado.
No hay que olvidar que además de fomentar en los alumnos una alta autoestima, es importante que el propio docente haga lo mismo, un docente con una baja autoestima ni podrá fomentar la de sus alumnos ni podrá enseñarles adecuadamente.

Una actividad para trabajar el autoconocimiento del niño en el aula sería la siguiente:

Le pediremos a los padres una fotografía del pequeño, necesitaremos papel continuo, pegamento, folios y pinturas.

Creamos un gran mural donde pegaremos todas las fotografías, y cada uno irá contando al resto de sus compañeros cómo es, por ejemplo sus características físicas (su color de pelo, de ojos, etc.), luego contará todo lo que le gusta y lo que no (a qué le gusta jugar, su comida favorita, qué es lo que más le gusta del colegio, etc.)
Cuando todos han acabado, el docente hará lo mismo y explicará que cada persona es diferente y especial, y la importancia de aceptarse a uno mismo y a los demás, ya que todos nos complementamos.
Para finalizar, harán un dibujo para llevárselo a casa haciendo lo que más le gusta a cada uno.
Con esta actividad favorecemos el hecho de que los niños puedan profundizar el concepto que tienen sobre sí mismos y fomentamos la mejora de la autoestima y la confianza, reforzando las cualidades y capacidades personales a través de distintas herramientas de aprendizaje. En esta etapa necesitan sentirse importantes para las personas que les rodean.

La disfemia, causas y pautas en el aula

La disfemia, más conocida como tartamudez, es un trastorno del habla, basada en alteraciones de la fluidez del lenguaje y que se caracteriza por la repetición de sonidos, sílabas o palabras, prolongaciones e interrupciones continuas en la comunicación debido a bloqueos motores, tiene su máximo desarrollo entre los 2 y 5 años.

Entre sus causas se encuentran:

  • Causas neurológicas: tienen características orgánicas específicas en el cerebro.
  • Causas psicológicas: el desarrollo lingüístico es vital en la edad temprana, al igual que el estado psicológico del niño, donde entran factores como el estrés, tensión prolongada, ansiedad, miedo, falta de autoestima, etc.
  • Causas hereditarias: según J. Sangorrín en su artículo sobre disfemia o tartamudez “Se admite la existencia de un factor genético de predisposición a desarrollar una tartamudez, aunque no se sabe hasta qué punto es determinante de la gravedad del trastorno ni de su posible cronificación”.
  • Causas sociales: conductas de las personas que se encuentran en su entorno más cercano, como pueden ser las burlas, la impaciencia, la presión social, etc.
  • Género: existe un porcentaje mayor de casos de disfemia en niños que en niñas, 4/1.

El niño con disfemia suele ser tímido, siente una gran incomodidad al hablar, y además le cuesta, muestra tensión corporal y le aterra hablar en determinados momentos por miedo a equivocarse o bloquearse, provocando de esa manera la repetición o prolongación de palabras, frases, sílabas o sonidos, mostrando cambios de intensidad y frecuencia en su voz y dificultad en su patrón respiratorio, acabando por no participar en clase para no ser objeto de burla ni sentirse nervioso o angustiado.

En el momento de la intervención se deberían tener en cuenta los siguientes puntos:

  • Mantener una charla con el grupo para explicarles lo que es la disfemia y en qué consiste, para que los compañeros empaticen y no surjan burlas o insultos.
  • Crear en el aula un ambiente de seguridad y confianza para que el alumno se sienta relajado y optimista para interaccionar con el docente y sus compañeros.
  • Escucharle atentamente hasta que finalice lo que quiera decir, sin presionarle o terminarle las frases.
  • Permitirle en todo momento que se exprese, creando en el aula un ambiente natural y tranquilo, normalizando la situación.
  • Mostrar interés en sus comentarios, sin corregirle ni hacer sugerencias.
  • Ofrecerle comprensión y apoyo desde una perspectiva afable y empática.
  • Diseñar actividades en grupo para que interaccione con sus compañeros.
  • Fomentar su participación en todos los eventos, sin obligarle o presionarle.
  • Como docentes, ser conscientes de las sensaciones que nos provoca la situación, aceptando cualquier emoción que pueda surgir.
  • Trabajar con el grupo las emociones para sensibilizarles ante los problemas ajenos.